Aislamiento día 7 – ¿Habremos cambiado nosotros?

Séptimo día de cuarentena en Colombia, y honestamente, bastantes cosas han cambiado desde la última vez que escribí por aquí. Encuentro mi anterior post como un texto depurador, tan depurador como lo hace la Tierra con nosotros ahora.  Pero todo viene y todo pasa, los días continúan y como vaticina Yuval Noah Harari en su último artículo «The World after Coronavirus» en el Financial Times:

La tormenta va a pasar, la humanidad sobrevivirá, la mayoría de nosotros sobreviviremos, pero habitaremos un mundo distinto.

Y si el mundo no cambia ¿habremos cambiado nosotros? Que no suceda que no cambiemos, eso sí sería un gran error porque en ese caso, nada de esto habría valido la pena. Si gran parte de la concepción del ser humano se centra en la evolución, esta será entonces nuestra oportunidad para salir victoriosos, así sea desde nuestro interior.

Desde mi paso por esta tierra esta es la crisis más grande a la que los seres humanos -no en parte, no fraccionados, sino simultáneamente- nos hemos tenido que enfrentar. ¿Quién se iba a imaginar que nos veríamos expuestos al encierro y a la catarsis por unas partículas tan ínfimas como mortales, tan imperceptibles como arrasadoras, a un temido virus en pleno siglo XXI? Diferentes lecciones aprenderemos y las aprenderemos no todos por igual, pero ¿qué hay más allá de la crisis y dónde se encuentra la oportunidad?

Sí, es la oportunidad para replantear nuestro rol con la naturaleza y los tejidos sociales que se forman y se deforman, para replantearnos trabajos y estilos de vida, replantearnos modelos de negocio que exigen una adaptación, para replantearnos ideas tan sólidas que dadas las circunstancias buscan arquearse, oportunidad para acercarnos y cobijarnos en nuestro lado espiritual, para replantearnos la forma como nos relacionamos con nuestra familia, nuestra pareja y hasta con nosotros mismos, replantearnos la información que le brindamos a nuestro cuerpo a través de la alimentación ¿No nos quejábamos todos los días por carecer de tiempo? Bueno, ha llegado el momento, para ti, para mi, para todos. La llamada crisis nos sacudirá a todos aspectos distintos y debemos asumir este proceso de cambio desde la consciencia y es solo desde la consciencia que seremos capaces de decidir «¿Cómo queremos vivir a partir de ahora?»

Las ruinas son un regalo. Las ruinas son el camino a la transformación

El mundo nos forzó a vivir únicamente con lo que se hace necesario; salud, comida, un techo y una familia, ¿qué pensarían los que en su día a día no tienen acceso ni siquiera a estas necesidades? ¿qué pensaría Ana Frank si nos escuchara quejarnos? ¿qué dirían los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados bajo 720 metros de profundidad durante 69 días? Finalmente entendemos que las cosas realmente importantes nada tienen que ver con dinero, o más bien, le damos otro valor al dinero cuando comprendemos que al final del día, nuestras preocupaciones se limitan a cosas tan básicas como el hecho de tener que comer y preocuparnos por los más cercanos.

El barro se ha decantado y el agua se ha esclarecido. Mi ánimo se encuentra en su mejor momento y por esa razón me animo a escribir lo que percibe mi mente y lo que realiza mi cuerpo. No he querido forzarme a realizar rutinas estáticas e inalterables porque siento que hay una lección más grande detrás de este escenario y en mi caso particular es: escuchar. Escuchar a la Tierra que habitamos, escuchar a nuestros líderes, escuchar a la persona con quien vivo, escuchar a mi cuerpo, escuchar a mi instinto. Y bajo esta premisa he escuchado.

Para empezar, decidí en estos días llenarme de compasión y prender el fuego que alimenta a la acción. En este punto encuentro necesario hacer una pausa y confesar que encuentro muy reconfortante saber que cuento con tantas personas a mi alrededor para apoyarme en momentos difíciles; desde familiares y amigos, hasta personas y negocios que por estos días nos ofrecen servicios y productos bajo un estado de altísima demanda, nos brindan unas palabras de aliento y/o su conocimiento a través de videos ¿Cuándo el mundo había sido tan generoso y había estado tan abierto a compartir? El cuerpo es el que esta confinado, pero la mente puede estar en cualquier lugar. Gratitud.

Y bueno, así es como mi cuerpo y mente ha logrado migrar:

  • Meditación: Martes y Jueves. Somos energía y la energía se siente desde cualquier lugar. Este es mi espacio de equilibrio y ecuanimidad.
  • Ejercicio: 30 minutos -casi- todos los días. Descargué una app y ahora cuento con un plan de entrenamiento mensual.
  • Escuchar un Podcast: ¡Ahora siento es que no me alcanza el tiempo para todo lo que quiero oír! Tengo una lista larga de podcasts recomendados. Por ahora siento ganas de Historia, por esa razón, decidí retomar los episodios de Diana Uribe (historiadora colombiana), que cuenta de manera extraordinaria y seductora acontecimientos del pasado.
  • Cocinar: Conscientemente hice un mercado saludable, y en estos días he decidido cocinar cosas prácticas con pocos ingredientes, me he esforzado por variar las recetas. Cuando me quiero dar un gusto también me lo doy, no estoy siendo radical ni exigente, por el contrario, en el equilibrio encuentro tranquilidad.
  • Leer: Por primera vez en mi vida estoy leyendo dos libros al mismo tiempo. Por un lado, Homo Deus (breve historia del mañana), del mismo Yuval Noah Harari y otro, llamado Breve Historia de la Mitología Griega de Rebeca Arranz. ¡Ambos me tienen fascinada!
  • Escribir: Estoy escribiendo cuando lo siento y cuando siento que tengo cosas por contar, como lo ven aquí, retomo mi blog.
  • Películas: Hice una lista de películas clásicas famosas que nunca vi y siempre quise. La lista es extensa pero empece por Dirty Dancing, Flashdance, Ghost, Catch me if you can y Seven. Voy por más.
  • Series: Aproximadamente cada tres días veo The Crown y su última temporada. Por el momento ando con ganas de monarquías y así seguiré hasta que me canse también.
  • Un rayito de sol: A mi apartamento no le entra mucha luz, por esa razón procuro bajar a la entrada de mi edificio a tomar un rayito de sol. Sin contacto con alguien. 15 minutos. Percibo, respiro, agradezco, sonrío.

No realizo estas actividades todos los días, en este caso dependo mucho de mi trabajo también, pero he tratado de repartirlas frecuentemente a lo largo de la semana, escuchando siempre lo que mi cuerpo me pide. Hay días que quiero leer una vez finalizada la noche, otros donde prefiero recostarme en el sofá de mi sala al medio día a escuchar el Podcast, otros -como ahora- donde prefiero escribir. Cantar, bailar, pintar, oler, observar, brindar, saltar, jugar, actividades que nos llenan el espíritu hay infinitas. Acción llama acción. Cada quien decide su nivel de actividad y a mi el movimiento por estos días me mantiene serena.

Actualmente, conozco personas como mi tía, que nunca en su vida aprendió a cocinar, y que ahora, a sus 68 años de edad decidió animarse a hacerlo para ella y para mi abuela, con quien pasa la cuarentena. Mujeres que gracias a las comodidades que presentan en su cotidianidad, olvidaron cómo se lavaban los platos y ahora las escucho comentar, entre gracia y confidencia, cómo realizan las tareas de su hogar mientras trabajan también. Y bueno, personas como yo, que poco estábamos acostumbradas a hacer ejercicio (el trabajo me brindaba la excusa perfecta para procrastinar por falta de tiempo), pero que como respuesta al confinamiento, me llevó a explorar opciones y son opciones que hasta el momento disfruto. ¡Que maravilla estas situaciones! Es la oportunidad de empujar nuestros límites y probar nuestro alcance físico, emocional y espiritual.

Me siento feliz hoy 27 de marzo de 2020, siento que lo estoy entendiendo. Muchos de nuestros miedos o aversiones provienen de experiencias pasadas, de lugares ocultos, de nuestro ADN, de no permitirnos ser ni soltar, pero debemos transformarnos y adaptarnos. Es difícil evolucionar hacia la consciencia si nos encontramos enfermos o alguno de nuestros más cercanos lo está, pero entrenando nuestra mente y nuestro cuerpo podemos subir la vibración.

Debemos permitirnos sentir, con lo bueno y lo malo que esto pueda traer, pero así mismo también debemos permitirnos escuchar todo lo que aquello tiene para decirnos. La mente nos lleva a lugares inexplorados. Suena Stand by me de Otis Rending, aquí en mi apartamento en Chapinero en Bogotá, hoy a las 12:35 a.m.

Y después de todo creo que voy a extrañar este momento.

Con amor, Ana.


Fotografías: Portada: Trabajo espectacular de Karen Hollynsworth / Otras: Todas sacadas de Pinterest.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: