Aislamiento día 30 – Que me llamen hereje [ Disfrutando la cuarentena. Viviendo con intención. ]

Que me llamen hereje, que me condenen en sus pensamientos pero hay algo que quiero decir hoy y es que —a diferencia de la mayoría—: Me he sentido divinamente en Cuarentena y No, no anhelo salir a ver personas por el momento.

Como ya lo he venido manifestando, me he sentido completamente a gusto bajo esta nueva modalidad que nos tocó vivir a todos. Y cuando me refiero al gusto, no me refiero al hecho del sudor y del reír, de la lista del millón de actividades, de las video-llamadas entrecortadas pero divertidas, de la productividad medida en apps, no, me refiero a una sensación de plenitud y sonrisa que se da por allá en el estómago y permea un poquito el alma.

En múltiples ocasiones, he leído que encuestas reflejan que lo primero que quiere hacer la gente una vez cese la cuarentena, es salir a abrazar a sus seres queridos. Ayer mismo, comentando esta situación con mi hermana —mientras repasábamos las estadísticas de contagiados por el Covid 19— me confesó que se moría por volver a ver a mis papás, a mi abuela, a sus amigos y a su novio. Me dijo que seguramente pasarán muchos meses antes de que esto suceda y que sea completamente seguro. Soñaba con ese momento. Y yo en silencio la escuché.

Callé porque mencionar lo contrario sería sinónimo de ser mala persona, de no querer a mis papás, de aborrecer a mis amigos, en definitiva sería un símbolo de apatía. Y hoy me pregunto yo si en realidad lo es. Hace poco leí algo de Mariana Matija (a quien cito constantemente en este blog), donde en su escrito Crisis y Oportunidades menciona que es posible que sintamos muchas cosas al tiempo frente a esta pandemia, y que por el hecho de sentir una, no necesariamente estamos excluyendo otra —ni representa su fuerza opuesta tampoco—. Ella dice que en estos momentos siente preocupación, angustia, dolor, miedo, y a su vez siente curiosidad y esperanza por el futuro. Una cosa no «cancela» a la otra, y al ser seres complejos gozamos de un espectro enorme de sensaciones que se mezclan, se potencian y se balancean.

Por lo tanto, quiero aclarar que no es que No los quiera ver ¡Claro que me gustaría verlos! (en su momento) pero honestamente no es una preocupación ni se forja como un deseo intenso. Lo que quiero, es aprovechar este momento de aislamiento y exprimirlo lo más que pueda, sin anhelar lo que no es posible porque me impediría vivir con armonía este nuevo estado. El momento llegará cuando tenga que llegar, ahora tengo mi corazón en el Ahora. Abrazar la cuarentena no significa falta de consideración, amor o preocupación por los demás y preferir regalarme un poco más de tiempo no significa odiar al mundo.

Amo profundamente la relación que tengo con mis papás y familia más extensa, me siento plena con la relación que mantengo con mis pocos y contados amigos; verlos por lo tanto, al final del día, no me causa ningún tipo ansiedad. Hemos mantenido otro tipo de relacionamiento en este último mes (como muchos) entonces el vínculo se mantiene igual de fuerte.

¿No dicen acaso que un poco de espacio oxigena las relaciones? Hay muchos sentidos que se estimulan cuando se tejen relaciones. Sí, existe el tacto, seguramente el sentido más sobrevalorado de todos, pero qué hay acerca del hablar y del escuchar. Muchos dirían que hablar no es un sentido, pero ¡sí que estimula al oído! ¿Cuántas veces estuvimos presentes en una cita con alguien y en lugar de verlo a los ojos y escucharlo atentamente, preferimos sacar nuestro celular y perdernos entre notificaciones? Sucede ahora, que nos urge salir a ver a multitudes, cuando en realidad —y cuando excavamos muy en el fondo— nuestra dispersa realidad tiende a opacar bastante esa completa atención que merecen. Me pregunto si ver a la gente se convierte en un acto genuino y real de querer estar presentes (¡ojo! verdaderamente presentes) porque allí se encuentra la calidad.

¿No se han dado cuenta que siempre anhelamos lo que no tenemos? Cuántas veces no tuve conversaciones con amigos que me contaban que el trabajo se tornaba muy pesado y no les dejaba tiempo para hacer ejercicio, para tomarse un café después de la jornada laboral, para bajar el estrés e intentar concebir un hijo, para concentrarse en proyectos personales pospuestos, para darse un tiempo así fuera para recostarse y disfrutar de la nada…¡Magia! Ahora es posible. Pero un momento, eso ya no basta, ahora extrañamos el espacio de nuestra oficina, queremos cenas con amigos, seguimos con las mismas ganas de hacer ejercicio (pero en un gimnasio). Como consecuencia: No nos permitimos vivir ni lo uno, ni lo otro.

Esto que escribo hoy se parece mucho a mis sentimientos frente al blanco, un escrito que realicé alguna vez, en donde mencionaba que nos aterra ver siempre el lienzo en blanco por una manía incontrolable que sentimos por pintarlo. Estamos acostumbrados a querer rellenar algo —siempre— en los vacíos que encontramos, a querer escuchar ruido cuando hay silencio, a querer ver gente cuando pasamos cortos momentos de soledad, a una necesidad inexplicable siempre de «más»…y allí sí que el minimalismo tiene mucho por enseñarnos.

Hay muchas formas de alimentar relaciones, de salirnos de esa forma tradicional de como «deben ser» las cosas según «no sé quien» y de disfrutar de los pequeños momentos de la cotidianidad. A continuación les voy a contar una cosa que hice en el pasado y otra que hago hoy en día, que reflejan relaciones hermosas a distancia:

Antes de empezar, deben saber que me obsesionan las postales, es la única colección que mantengo y es el único souvernir que suelo llevarme de cada ciudad que visito. Así que un día encontré una plataforma que se llamaba Postcrossing por donde se envían y reciben postales entre desconocidos de todas partes del mundo. A lo largo de los años alcancé a enviar muchas a personas que estaban ubicados tan lejos como tan cerca de casa (desde China, pasando por Rusia hasta Suramérica en Brasil) y así mismo recibí postales de vuelta a mi propio país; en pocas palabras funciona como un intercambio. Fue una experiencia muy linda en donde más que recibir postales con estampas curiosas, recibí mensajes en distintos idiomas y frases que me daban vueltas el resto de la semana. Como ven, una actividad completamente intencionada en donde surge una expectativa muy genuina por recibir un detalle que proviene de un desconocido.

La segunda es que desde hace varios meses tomé la costumbre de hablarme con dos amigas a través de notas de voz. Lo sé, no tiene nada de extraño, pero aquí viene lo interesante: Una de ellas es Louise que se encuentra en Dinard (Francia) y otra de ellas es Paula que vive en Ho Chi Minh (Vietnam), y nos hemos venido dejando notas de voz, de esas largas que pueden llegar a 20 minutos, durante los últimos meses. Nos enviamos notas de voz cuando tenemos cosas para contar, escuchamos los mensajes de vuelta cuando tenemos tiempo para hacerlo, y bueno, es probable que nos comuniquemos de esta forma unas dos veces al mes; un número interesante porque nos permite contar una infinidad de historias. Es más, creo que comparto más con ellas dos que con muchas de las personas que puedo ver aquí en mi propia ciudad. Curioso.

Esos dos ejemplos para mi comprueban; uno, que para sentir el cariño de otra persona no necesariamente necesitamos de cercanía física; dos, que las relaciones se tejen de maneras distintas y extraordinarias y es válido cualquier método que nos reinventemos para hacerlas brillar, y tres, que cuando oxigenamos las relaciones a través del tiempo y el espacio, una nota de voz se vuelve más valiosa, recibir una carta se convierte en un detalle que no tiene precio y una historia cobra vida propia. Me imagino a estas mujeres que esperaban cartas de sus maridos en tiempos de guerra, y bueno, tal vez estos tiempos que vivimos se le parezcan. Un mes de cuarentena no es el fin de las relaciones; a veces suelo ver a amigos cada dos, cada tres meses y aún seguimos siendo amigos, así que no verlos no sorprende, de hecho puede ser más cotidiano de lo que pensamos.

Usualmente, en esa vida que llevábamos antes, existían un sinnúmero de cosas que paulatinamente se fueron convirtiendo en distractores de nuestra propia evolución; desde redes sociales y televisión (que siempre son una constante), conversaciones que no suman sino restan, comidas rápidas, ruido, contaminación, trayectos en trasporte que se sienten eternos, hasta compras por impulso. Elementos de los que poco o nada somos conscientes, pero que nos impiden vivir la vida plenamente. Yo confieso que eso me da más miedo.

¿Se vieron Eat, Pray, Love? bueno, esta es mi segunda película favorita en el mundo. La he visto tantas veces que me sé todos los diálogos y reconozco todas sus canciones aún cuando no me sepa sus nombres. Objetivamente hablando, no sé si en el fondo sea tan buena, pero siento una inexplicable conexión con la protagonista, al final del día creo que representa muchas de las cosas que quiero para mi vida y el coraje que me hace falta para llevarlas a cabo. Cuando Julia Roberts se encuentra en Bali, su último destino (y en donde ella decide instalarse y aplicar todo lo aprendido de su viaje), aparece Javier Bardem en representación del amor. Llega prácticamente —ante los ojos de ella— a derrumbarle el equilibrio que tanto le había costado conseguir y a sacudirle esos cimientos. Como ven entonces, Javier Bardem viene siendo mi New Normal, personifica mi salida al mundo, y sí, tengo miedo que todas las distracciones con las que usualmente lidiamos en nuestra cotidianidad, me lleven a un lugar que me saque de mi centro y de este montón de experiencias maravillosas que he concebido durante esta cuarentena.

Mi deseo se ha concedido, finalmente tengo tiempo para escucharme, para observarme, para entenderme, para tomar las riendas de mi vida y evitar navegar por las aguas de otros. Es un momento maravilloso que nos regala la vida para pausar y realizar un viaje hacia el interior. Mi lado de relacionamiento en este momento se despierta con los más necesitados; sapiens y animales, con el planeta en general, con la alimentación.

Este trayecto ha sido completamente revelador porque he estado dispuesta a escuchar, ha sido completamente gratificante porque he estado dispuesta a dar, ha sido completamente profundo porque me he mantenido curiosa. Ha constado de baños meditativos, de diarios y escritos en este mi blog, de creación de playlists (que incluso pienso reproducir en cenas que me imagino, sí, con los más cercanos), de películas icónicas y clásicas que siempre quise ver, de podcasts y conferencias que hablan de momentos de la historia, de clases a distancia, de esencias y meditaciones, de tés que duran desde que sale el sol y me arrullan al final del día, de más lectura y menos televisión (pero también de televisión cuando algo me cautiva), de menos reglas y más placer. Sin embargo, lo que más más más me tiene contenta hoy en día, es que estoy intentando construir una relación más saludable y consciente con la alimentación; estoy incorporando a mi cocina distintos y mejores ingredientes, retomo nuevamente mi amor por las frutas y los vegetales, me estoy deleitando constantemente con nuevos sabores y platos, y bueno, cuando tengo algún antojo dulce me sorprendo al ver la cantidad de preparaciones que puedo hacer desde cero como pancakes, helado, galletas, evitando así comprar mezclas o paquetes con ingredientes cuestionables y enamorándome del proceso de creación. Felicidad ordinaria, la mejor de todas.

Por otro lado, y no menos importante, he tenido tiempo (o he sacado tiempo) para replantearme completamente mi vida y la dirección hacia donde me quiero dirigir. Me doy cuenta que las cosas que me importaban antes ya no lo hacen ahora, que ahora le doy más valor a cosas que jamás me imaginé; que una cocina amplia (que antes me era insignificante) ahora cobra mucha más importancia porque es un espacio donde quiero pasar más tiempo, que el barrio bohemio donde vivo se siente cada vez más urbano y que quiero más verde, que mi negocio finalmente despega y despliega sus alas pero que muy en el fondo de mi corazón quiero salir a retarme y explorar nuevos campos, que no tengo pareja a mis 31 años y por el momento no me preocupa porque he encontrado una hermosa compañía conmigo misma, que he dejado completamente el maquillaje (aunque tal vez sea temporal porque ahora nadie me ve), que disfruto mucho los pantalones sueltos y cada vez menos los jeans, que quiero viajar más y comer mejor, que me abrazan las historias de siglos anteriores, que me sorprende la humanidad y su relación con los animales, que en los latidos de mi corazón escucho tambores africanos y que irónicamente mi lista de reproducción favorita es la que alguna vez llamé Home Alone.

Afinemos nuestros sentidos. Vivamos con intención. Sintamos plenamente. Trabajemos con pasión. Esa es mi invitación el día de hoy. Que cuando salgamos nuevamente al «Nuevo Normal» todo cobre un nuevo sentido y que —con suerte— nos demos este tiempo para aprender lo que tenga que ser, simplemente dejándolo ser.

Y no me malinterpreten, es normal extrañar, pero no permitamos que ese sentimiento nos opaque el momento tan increíble que tenemos frente a nosotros. Al final en esta vida nada está «del todo bien» ni «del todo mal», porque todo es relativo y todo depende de un contexto, de quien lo vive, de quien lo siente. Mis experiencias, necesidades, sueños y deseos no son los mismos que los suyos, esto puede ser un sentimiento tan personal como lo puede ser compartido, no lo sé. Lo único que sé es que en estas cuatro paredes que ahora habito he vuelto a hallar mi palabra favorita, la cual andaba buscando allá afuera en la intemperie bajo la luz del sol, sin saber que siempre se ha encontrado en la idea de permitirme Ser, sin miedo e imperfecta, simplemente Ser.

Pd: Recién termino de ver el «En Vivo» de #TogetherAtHome y fue muy emocionante. Tal vez sí tengo ganas de salir, pero salir a vivir, gritando con fuerzas y bailando como si nadie me viera, así como lo hago hoy en casa. Así quiero vivir.

Con amor, siempre.

Ana.


Fotografías: Portada (Unknown-Pinterest) / 1: thecalmcollective.com / 2: vsco – niravpatel / 3 y 4: Eat Prey Love movie (Pinterest) / 5: Unknown-Pinterest / 6: kalonstudios / 7: Unknown-Pinterest / 8: ioe photography

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