Érase una vez en Brujas [ Anécdota de mi primera vez…con la copa ]

La semana pasada se celebró el Día Mundial de la Higiene Menstrual, y aunque no sabía que existía ese día (así como muchos), cada vez le he encontrado más sentido a enterarme de estas fechas; por un lado porque el contenido de las publicaciones que se generan son un despertar en aspectos muchas veces desconocidos, y por otro, porque nos sirven para ayudarnos a recordar situaciones/personas/eventos que por momentos olvidamos o damos por hecho.

De la misma forma, se acerca el Día Internacional del Medio Ambiente, y se me cruzaron estos dos días en mi cabeza para realizar esta publicación en el blog con un tema que concierne y conecta a las dos: La copa menstrual.

En una publicación anterior [ Mis pequeñas (grandes) inversiones ] ya les había hablado de la problemática y los grandes beneficios de usarla, sin embargo estoy segura que ya la gran mayoría lo sabe de primera mano, pero realmente ¿qué experiencias reales hay detrás de ella? Fue así como recordé mi primera vez (y la tengo presente con total nitidez porque no logró pasar desapercibida) y hoy vengo a contarla. Sin mucho preámbulo, de principio a fin aquí les cuento cómo fue mi proceso con la copa:

Un 13 de agosto de 2017

Era un 13 de agosto del 2017 cuando decidí utilizar por primera vez mi copa menstrual. Pensarán que es imposible que me acuerde de la fecha, pero lo tengo tan tan tan presente precisamente porque decidí usarla por primera vez el día de mi cumpleaños y para ese entonces me encontraba en un lejano país.

Días anteriores a ese inolvidable 13 -y antes de viajar a este lugar extranjero- decidí comprar mi primera copa menstrual en MeLuna. Recuerdo que para ese entonces, varias personas la habían recomendado en un grupo de Facebook, y bueno, así sin más, como muchos cambios que he asumido en la vida, decidí comprarla. Me preguntaron por la talla y según una tablita que te muestran para que te identifiques con una de las opciones, yo respondí M (Contextura media sin partos…e igual ante la duda siempre es mejor el promedio). Y bueno, entre una amplia variedad de colores que también te ofrecen, elegí la morada para mi. El proceso de compra fue sencillo y la llegada de mi copa fue puntual. Una copa color morado me saludó un día de julio de 2017, talla Medium, con una funda del mismo color y un manual de instrucciones, el cual me pareció clave.

El precio que pagué por esta copa fue de unos $80.000 aproximados (23 USD). Me pareció un precio muy por encima del promedio en productos de higiene menstrual, pero si tenía en cuenta que hasta el momento venía gastando un promedio de $15.000 (4 USD) en tampones y toallas al mes, y que este producto por otro lado, podía durar hasta unos 10 años, pues era un gangazo. Al mismo tiempo, imaginar que llevaba metiéndole $15.000 pesos aproximados mensuales a esos productos durante los últimos 16 años de mi vida me parecía una locura, además de exhaustivo por la frecuencia de su compra.

Yo sé que no era un exceso de plata, pero cuando las mujeres (en particular) nos ponemos a analizar nuestros gastos generales en productos o servicios de cuidado personal al «mes» la dimensión cambia; el gran universo del maquillaje, cremas faciales y corporales, alisados o peinados, productos o servicios de depilación y cuidado de uñas (de pies y manos), shampoo y acondicionadores, tratamientos para el pelo, mascarillas, vitaminas, desmaquillantes junto con sus toallitas, bronceados, lifting de pestañas, diseño de cejas, cremas o cápsulas adelgazantes etc. por nombrar algunas comunes, la conclusión es clara: todo va sumando. Al final creo que independientemente de lo que compremos, lo que pretendemos es que nada de eso se vea perdido, que la vaina funcione y que con suerte nos guste.

En fin. Recuerdo que el manual de instrucciones lo leí completo durante varios días, miré muchos videos en YouTube, y no olvido tampoco que aún así me hallaba con muchas dudas; dudas que al final decidí dejar a un lado porque lo mejor sería simplemente utilizarla y ver cómo se desarrollaba todo. Simple y llano.

Mi próximo período se daría a mediados de agosto de ese año durante el transcurso de un viaje que tenía planificado a Europa. Decidí empacarla junto con un par de toallas y tampones para evitar malas experiencias, y bueno, hasta el momento todo marchaba bien y había una sensación de «buena» ansiedad por usarla.

Ese fue un año particularmente duro a nivel hormonal en mi vida. Por esos días recuerdo que sufría mucho por tener un periodo irregular. Por el contrario a esa etapa, fui regular toda mi vida, siempre eran 5 días de periodo cada 28 días sagrados. Lo sé porque desde niña cogí la costumbre de llevar un calendario para marcar el ciclo y los días de flujo, sin embargo llegados mis 28 años, un día todo cambió. Mi ciclo pasó de durar 28 días a 60 días, tan asustada me encontraba que incluso pensé que me encontraba embarazada. Recuerdo que en la visita al ginecólogo, él mismo me dijo que tenía una alta probabilidad, así que me mandó pedir un examen de sangre. ¡Uff! lo pienso y recuerdo que me encontraba petrificada. Luego el resultado salió negativo. Alivio. Síndrome de Ovario Poliquístico por otro lado. Ciclos que iban desde 15 días a los 60 días, de 4 días de flujo a los 8, todo se convirtió en una locura y la única solución que me dieron en el momento fue tomar píldoras anticonceptivas. Las tomé y luego las dejé a los dos meses porque me sentía fatal, mi ánimo nunca había estado más bajito y lloraba todo el día. ¡Malditos anticonceptivos orales! lo siento pero no me gustan en lo absoluto porque sus efectos secundarios son nefastos. Este es un panorama que hasta el día de hoy todavía no se resuelve del todo. Desahogo.

Me desvié del tema perdón. Retomo con el viaje. Había decidido realizar un viaje de 20 días por distintas ciudades de Europa debido a que una amiga se casaba en una pequeña ciudad de Francia y era un buen motivo para acompañarla en su día y de paso conocer otros lugares. Pasé por Orlando en Estados Unidos para visitar a una prima y luego atravesé el océano para llegar Paris, coger un bus y dirigirme a Brujas, una ciudad que me moría por conocer. Una vez en Brujas me encontré con mi mejor amigo Jaime, quien había viajado desde Alemania. Nos quedamos en un hostal bien ubicado llamado St Christophers Inn y la verdad, la magia del lugar nos envolvió desde el principio. Me emociono al hablar de esa ciudad porque en mi opinión parece sacada de un cuento de hadas. Si alguien me dijera que en qué ciudad del mundo viviría, creo que mi instinto la señalaría como primera opción, luego pensaría que es demasiado surreal para ser cierta y la descartaría. Visualizo casitas pequeñas, canales con cisnes, historias fantásticas, chocolates en todas sus presentaciones, waffles, molinos de viento, cerveza.

Cerveza, sí, había llegado el día de mi cumpleaños y realizar una cata de cerveza en el país de la cerveza sonaba como lo indicado (valga la frase tan redundante). No sin antes haber sido invitada a un delicioso desayuno en The pain quotidien, haber hecho un tour por la ciudad en medio del agua por sus canales, haber comido waffles y repasar postales en medio de una plaza, díganme ¿qué más podía pedir yo?: «Que no me llegara la regla», pero obvio pasó, ese día, en algún momento.

Ponérmela no fue problema, excepto porque se sentía extraña y algo incómoda. ¿Experimentaría fugas? ¿cada cuánto debía cambiarla? ¿me protegería plenamente o debía utilizar una toalla de respaldo? cosas por el estilo se me cruzaron por la mente, pero yo…tranquila hasta el momento.

Y bueno, el día continuó y mi amiga Ana había llegado de Paris a acompañarnos, así que ya todos juntos decidimos ir a un Pub a probar una variedad de cervezas que venían dispuestas en una bandeja de madera junto con su debida explicación y procedencia. Entre cerveza y cerveza recordé la copa y pensé que era momento para verificar que todo estuviera en orden, así que me dirigí al baño del lugar, un lugar decente confieso, pero que no dejaba de ser público. Sin ninguna complicación me agaché e introduje los dedos dentro de mi vagina en forma de pinza con el fin de sacar la copa. Generalmente estas copas traen un palito o una bolita en toda su punta, así que mis energías se fueron completas para alcanzarla. Me acurruqué, me paré, me desesperé y me relajé para aflojar, pero nada parecía funcionar. Por momentos lograba tocar la punta y justo cuando la iba a agarrar se me escapaba, estaba completamente estresada y preocupada. Seguro duré más de 20 minutos en ese baño. Lo primero que pensé es que la había introducido muy al fondo ¡qué bruta! Lo intenté por mucho tiempo, sin embargo, al encontrarme en un baño público me entró el estrés por el apuro, y decidí dejarla ahí.

Me lavé las manos y salí de ese baño corriendo hacia la mesa donde se encontraban mis amigos, les conté lo que había pasado y les dije que seguramente la había introducido mal, no había de otra. Saqué mi celular y recuerdo haber visto que en muchas partes decía que no era necesario empujarla tanto hacia adentro, así que pensé que sin duda había fallado con eso. Luego me imaginé mil escenarios en donde tendría que ir a un hospital en un país extranjero, en una lengua ajena a explicar cómo había terminado con una copa menstrual que no salía de mi cuerpo. Recordé esos capítulos de salas de emergencia en donde aparecían personas con cosas extrañas dentro de sus orificios por haberse puesto a jugar con cosas estúpidas. Y pensé: ¡qué oso! ¿por qué el día de mi cumpleaños? ¿por qué en un país ajeno? ¿por qué en un baño público? ¿por qué me confié tanto? Eso es como cuando a uno le dicen que no debería cortarse el pelo para un día especial porque uno nunca sabe cómo se va a ver luego. Bueno, así se sintió.

Sin embargo, y en medio de ese caos de emociones, mis amigos se pusieron a leer conmigo comentarios en foros de copas menstruales y experiencias similares a la mía, y entre esas mi amiga Ana me dice: Dicen que tienes que pujar un poco para que salga. ¿Que qué? ¿pujar? ¡ok! Lo que sea que tuviera que hacer antes de ir a un hospital lo haría. Sin embargo, algo que tenía claro en ese momento es que no me volvería a meter a ese baño. Esperaría a ir al hostal de regreso que se sentía un poco más personal (jaja).

Así fue, volvimos al hostal y recuerdo que decidí meterme en el baño principal de la zona social. Me acomodé y justo cuando iba a introducir nuevamente mis dedos, tocan a la puerta. Decidí no prestarle atención y continuar con mi procedimiento. Toc toc toc. Tocan nuevamente a la puerta y esta vez entre risas y murmuros femeninos, decidí que no podría hacerlo, al menos allí.

Pensé ¿dónde puedo realizar este proceso sin que nadie me moleste? Un lugar vino a la mente y me dirigí entonces hacia la ducha. Ya era de noche para ese entonces, así que nadie se encontraba en ellas a esas horas. Recuerdo que me quité la ropa, me acurruqué y decidí pujar, mientras introducía mis dedos una vez más para tratar de agarrar la punta de esa bendida copa. ¡Boom! Lo logré, la halé de esa punta y en medio del agua dejé escurrir la poca sangre que afortunadamente salió.

¿Qué pensó Ana luego? ¡Ahh el truco está en pujar! La introduciré de nuevo: ¿Por qué? ¿acaso no había aprendido nada de esa horrible experiencia? Claramente no. Así que sin más la volví a meter inmediatamente. A partir de ahí ya no me acuerdo de mucho más. ¡Ah sí! Recuerdo sentírmela durante cada uno de esos días, así como cuando un tampón queda mal puesto porque queda muy abajo, bueno, yo la sentí así todos los días. Ya con el pasar de los días intenté descifrarla mejor.

Pero bueno, basada en mi terquedad y en mi obstinación de hacer que funcionara y que valieran esos $80.000 pesos, decidí continuar usándola -casi que a las malas- por el resto de mis periodos hasta que terminara acostumbrándome. No podía ser posible que cada comentario en chat, foro y red social que revisaba, todas las mujeres dijeran: ¡Magnífica! ¡No la cambio por nada! ¡La mejor compra que he realizado en mi vida! ¡Una gran inversión! No me iba a quedar grande y decidí que sacaría ese tema adelante. También recordaba cuando había utilizado el tampón por primera vez y haber tenido que adaptarme al inicio porque tampoco había sido una de las mejores experiencias. Mi mamá siempre ha dicho que somos animales de costumbre y yo no sería menos que un animal acostumbrado.

Hasta el día de hoy, 3 años después, me he ahorrado $540.000 en un solo producto y he evitado tirar alrededor de 800 productos de higiene menstrual tradicional a la basura. Sigo con la misma copa, sigue en perfecto estado (sin mancha alguna) y no logro imaginar una copa mejor, aunque vale la pena probar otra marca: ¿Cómo saber si es la mejor sin probar otras?

Fin.


No recuerdo cómo ni cuándo todo pasó de ser una lucha a un amor profundo por este producto, pero sé que valió la pena. Con el pasar de los meses, seguí practicando la técnica en mi casa, probando diferentes formas de introducirla y sacarla, comprendiendo cada cuánto debía vaciarla, hasta que la hice parte de mi vida, tan normal y cotidiana como ponerse ropa cada mañana. Es por esta razón y basada en esta experiencia que les quiero dejar unos consejos para quienes no se atreven, no se animan o tienen dudas sobre ella. Para que nos les pase lo que a mi me sucedió (aunque estoy segura que no todas han vivido esa estresante historia) les quiero compartir mis recomendaciones fuera del instructivo tradicional que viene con ella:

Sobre el lugar. Pruébenla por primera vez en sus casas.

Claro, como se imaginan, esa fue mi gran lección. Nada como sentirse en un ambiente seguro, sin ojos que vigilan ni muebles que se encuentren vulnerables a una posible fuga. Puede ser que muchas mujeres lo dominen desde el inicio, así como muchas que -como yo- no. Por lo tanto, es mucho más sano un lugar que se sienta familiar…y sin estrés.

Sobre sacarla. ¡Pujen!

No sé si a todas las mujeres les suceda lo mismo, pero hasta el día de hoy yo personalmente debo pujar un poco para que ella salga. Es un movimiento que realizo casi que de manera involuntaria, así que no se imaginen una guerra ni un parto en hospital. Es simplemente hacer un poco de fuerza en esa zona para que ella se acerque más fácilmente a sus dedos. Tengo varias amigas que me han dicho que les ha sucedido lo mismo, así que este es el gran tip de todos. ¡Ahh! Y no traten de agarrarla de la bolita como hice yo, puede ser que da la fuerza la arranquen o creen un desastre porque no se encuentra estable, lo mejor es agarrar con firmeza el cuerpo de la copa.

Por otro lado, ya no me preocupo por meterla hasta cierto punto, pujando siempre sale, nuestra vagina siempre encuentra una señal de «pare». Tampoco la he vuelto a sentir ni me ha vuelto a incomodar ¿Se imaginan la tortura?

Sobre nuestro cuerpo. Eww ¡Qué asco la sangre en mis dedos!

Eso piensan muchas mujeres, se sienten asqueadas por el hecho de entrar el contacto directo con su propio cuerpo y fluido. En mi opinión personal, es lo más natural del mundo, es más creo que entre más lo hagamos, más consciencia y amor tendremos sobre nuestro cuerpo. Tocarnos, incluyendo -sí- el tema de la masturbación es conocimiento y poder en mi opinión. Y esto lo soporto con charlas que he tenido con un cliente amigo ginecólogo que recomienda el producto y nos anima a familiarizarnos con nuestro cuerpo incluso por nuestro mismo piso pélvico que necesita de nuestras contracciones para mantenerse fuerte.

Es algo muy personal y creo que entre más arandelas le pongamos, más problema tendremos en asumir diversas situaciones que se presenten relacionados con nuestra individualidad y aceptación. Así como en la ducha nos aseguramos de «limpiarnos» y en el sexo de «ensuciarnos» (permitiendo incluso que otro nos toquen), la copa no debería ser menos natural que esas situaciones. De hecho todo le proceso sucede con total fluidez y en cuestión de segundos. Y al final, si te manchas, pues te echas agüita.

Sobre la limpieza. Un poco de agüita.

Primero lávense las manos. Segundo, para vaciarla por supuesto lo más fácil es hacerlo dentro del mismo inodoro/retrete/taza/sanitario y si no tienen un lavamanos para enjuagarla enseguida, la vuelven a introducir nuevamente dentro de ustedes. Para mi es muy importante enjuagarla cada vez que la uso, por lo tanto, cuando no encuentro un sitio donde pueda limpiarla, suelo llevar una botellita de agua y la limpio rápidamente en el mismo inodoro. Una vez terminado el periodo la pueden lavar con vinagre y/o bicarbonato o la dejan el agua caliente unos minutos. Nunca jabón comercial.

Adicional a esto, creo que siempre es importante pensar en los lugares donde vayamos a estar; si vamos a estar en un lugar público en situaciones difíciles, seguramente puede ser bueno complementarla con otro producto.

Sobre el tiempo. Hasta 12 horas contigo.

¿Cada cuánto vaciarla? Eso creo que depende de cada una y de nuestro flujo usual. En mi caso, ya sé que los días de más flujo la debo cambiar cada 4 horas, cuando no hay tanto la puedo dejar hasta 8 horas, y cuando ya no es prácticamente nada -pero aún quiero estar confiada- la puedo dejar hasta 12 horas máximo (ventaja de la copa y tiempo máximo que aconsejan utilizarla). En ese sentido es buenísima para dormir.

Sobre las fugas. 911.

Si la introdujiste o acomodaste mal es posible que existan fugas y me ha pasado, a veces por el afán creo yo. Por lo tanto, si es tu primera vez puede ser bueno que la acompañes de algún protector o toalla mientras te acostumbras. Sin embargo, la idea de la copa en parte es no tener que volver a utilizar productos de higiene femenina desechables, son altamente contaminantes, poco saludables y tienen un impacto muy grande en el planeta. Recuerda que también existen calzones, protectores y toallas reutilizables para el periodo, de lo cual quiero hablar otro día.

Por otro lado, para saber como introducirla, no hay nada como ir probando. En mi caso, y siempre hablo de mi caso, la introduzco como una «C» y la abro con ayuda de mis dedos cuando está adentro, igual ella sola se va a acomodar a la forma interna que encuentra. Luego, durante ese mismo proceso pujo un poco para brindarle algo de aire y sentir que queda en forma de copa. Me sucedió unos días (y luego lo descifré) que cuando quedaba intacta en la misma forma de «C» sucedían las fugas porque el fluido pasaba por los lados, pero ahora por supuesto siempre me aseguro de que quede en forma de copa perfecta adentro. Yo sé que parece complejo…pero es cuestión de práctica.


Y bueno, esa fue mi historia. Quería contarles esta experiencia porque así como sé que muchas conocen los beneficios del producto, también quería ser más honesta con las cosas que pueden suceder con ella y por supuesto, siempre es mejor estar bien preparadas. Como les conté, estoy convencida que esta no ha sido la experiencia de todas, pero también quiero demostrar que aunque podamos pasar por alguna similar, siempre está bueno darle una segunda, tercera y hasta cuarta oportunidad porque sus beneficios sí son gigantezcos a largo plazo: Mayor economía, dura años, se puede dejar hasta 12 horas, producto eco-friendly, disminución brutal del impacto medio ambiental, tan cómoda que no se siente, no huele a nada, práctica porque no tienen que llevar inmensas cantidades de productos dentro de sus carteras, hipoalergénica por lo cual no genera reacciones, no absorbe sino que recoge por lo tanto evitan introducir o poner en contacto su piel con productos químicos, entre otros.

La costumbre hace al maestro, y después de esos primeros meses, ya puedo decir que estoy graduada. Amo llevar un producto amigable con mi cuerpo y con el ambiente. Por favor no crean que eso es de otras mujeres, de las hippies, de las raras, de las ambientalistas, la copa es para todas, y no olviden además que nuestras acciones personales siempre tienen impacto a mayor escala en la sociedad de manera colectiva. Por momentos creo que hay que pasar por la incomodidad si a través de ese malestar logramos transformar nuestra vida, la de los seres que nos rodean y la de un planeta que grita por compasión y cambios concretos con nuestras acciones. ⁠No hacerlo en realidad sí es egoísmo. Es más fácil sentarse a ver televisión que salir a trabajar, es más fácil comer carne porque nacimos acostumbrados a ella que intentar dejarla, es más fácil tirar todo a un basurero que reciclar, compostar y reutilizar, es más fácil ponerse una toalla higiénica que experimentar una copa por primera vez, pero a la final, y una vez pasada esa incomodidad y ese miedo al cambio, todo se vuelve parte de la nueva cotidianidad, y es justo en ese punto donde debemos pensar que siempre podemos dar un paso más.

Con amor,

Ana.


Sobre la copa MeLuna® Es una copa menstrual reutilizable, de fácil manejo, certificada y vegana, fabricada en Alemania y diseñada en un suave material quirúrgico, 100% hipoalergénica. Esta copa está pensada especialmente para adaptarse a cualquier cuerpo sin causar molestias, pérdidas ni reacciones físicas de ningún tipo. La hay en distintos países, el link las dirige a la página oficial.


Foto copa: MeLuna / Fotos Brujas: Personales, viaje Bélgica 2017. / Imágenes de pinturas: Guim Tió

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