Carta para mi familia y amigos. Desde el minimalismo hacia la transformación.

Hola familia y amigos. Hace mucho tenía intenciones de escribir este texto, pero por prejuicios y postergaciones no lo hice antes. Les quiero contar una historia y algunas de las cosas que suceden en mi vida en este momento. Todo comienza y termina con una búsqueda. Esta es la historia:

Aproximadamente hace unos 3 años quise renovar mi cuarto. Y para los que recuerdan la cantidad de cuartos que he tenido a lo largo de mi vida tal vez concuerden conmigo en que cada uno de ellos siempre buscó reflejar una parte de mi personalidad y gustos del momento (y en todo su esplendor); afiches, postales, fotos, entradas a cine, carátulas, colecciones, revistas, latas, y la lista se hace infinita.

Sin embargo, mi búsqueda de hace 3 años consistió en todo lo contrario; hastiada de tanta saturación, esta vez opté por la calma y escribí el término «Minimalismo» en Google. En mi imaginario pensé que encontraría una tendencia decorativa donde leería sobre la importancia del blanco a la hora de buscar un efecto de amplitud en los espacios, tips sobre organización y tal vez algo de Feng Shui para las buenas energías. Pero el Universo quiso que me encontrara con algo distinto y qué buen giro fue. Di con una página sobre minimalismo pero  ninguna de mis ideas preconcebidas se encontraba en ella. Era el blog de dos norteamericanos que se hacían llamar The Minimalists (o Los minimalistas) y quienes promovían un estilo de vida que básicamente consistía en encontrarle un propósito a la misma a través de menos; menos cosas inicialmente.

Y a pesar de que esa simple casualidad me abrió las puertas a un mundo totalmente desconocido hasta el momento, fue hasta hace un par de meses que realmente comprendí el valor en sus palabras y decidí que quería saber más. Comencé a escuchar el podcast de Los Minimalistas (episodios de audio pregrabados), empecé a leer los ensayos en su blog, vi documentales, pero también entendí que no solo se trataba únicamente de ellos dos, sino que eran muchísimos más los que decidieron en algún momento redireccionar su vida a través del desapego, así que seguí a nuevos minimalistas en YouTube y hace dos semanas compré mi primer libro llamado The More of Less de Joshua Becker, el cual ya estoy por terminar.

El minimalismo -como su nombre lo dice- es simple. Consiste -en parte- en entender que no necesitamos objetos para ser felices, que hay un concepto en la vida llamado «suficiente» y es importante que lo comprendamos, que podemos amar y sentirnos conformes con lo que tenemos sin la constante ansiedad de poseer cada vez más, que en ocasiones es importante remover las distracciones que nos impiden tener un panorama y una perspectiva más grande sobre la vida, que podemos sobreponer experiencias sobre objetos porque son las primeras las que nos brindan nuestras más grandes alegrías, que apegarnos a objetos, propiedades, personas y relaciones son la mayor causa de nuestro sufrimiento, que podemos rechazar el hiperconsumismo porque representa una gran amenaza para el futuro, pero sobretodo que en la medida que necesitemos menos, vamos a tener más; más tiempo para familia, amigos, pasiones, salud y hobbies. O al menos, esos son mis aprendizajes.

El minimalismo es uno de esos conceptos que puede significar cosas diferentes para diferentes personas, y eso está bien. Es algo que es personal y exclusivo de la persona que lo vive y no hay un conjunto único de reglas o estándares que se deban conocer y seguir para ser minimalista. Sin embargo es importante tener una visión clara de lo que significa para cada uno y de las acciones que vamos a emprender. Por eso es que desde que decidí embarcarme en esta aventura ha pasado lo siguiente:

  • He sacado más del 30% de las cosas que tenía en mi casa (entre ellas colecciones, fotos, objetos sentimentales, los cubiertos y vajilla fancy para la venida de la Reina Isabel, herramientas, duplicados de cosas, revistas de diseño, papeles y libros escolares, películas, toallas, etcétera, etcétera.).
  • No he vuelto a comprar por impulso (excepto antojos de comida que ahora me da risa pero no son buenos -en exceso-).
  • Mi clóset ahora conserva la mitad del tamaño que acostumbró a tener durante años. Ahora cuento con las prendas que más me gustan y tengo menos problemas a la hora de elegir lo que me pongo.
  • He viajado mucho más liviano, en mis cortos y pequeños viajes de este año (supongo que por algo se empieza).
  • He regalado, donado, reciclado y hasta vendido algunas de mis cosas, y de mi hermana, y mamá (quienes me entienden, siempre lo han hecho, pero más allá de eso entienden la dimensión de los beneficios). No nombro a mi papá porque él es muy apegado a sus cosas, y está bien también.
  • He decidido regalar más experiencias o piezas que trascienden su funcionalidad.
  • No volví a apoyar el fast fashion, por eso ya no compro en tiendas como Stradivarius, H&M, Bershka, etc. Nada fácil, pero es algo que trataré de mantener.
  • Ya no tengo 50.000 aplicaciones en mi celular, sino las que de verdad uso y le suman valor a mi vida (al igual que fotos).
  • Ya no recibo ni conservo papeles que luego terminarán en la basura de mi casa.
  • Ya no tengo Facebook. Descubrí que le encuentro más valor a otras aplicaciones, y otras cosas en general.
  • Decidí abrir un blog llamado La Minimal que habla sobre mis experiencias incorporando este estilo de vida a mi vida y el cual los invito a que lean; he hablado sobre las razones que me llevaron a dejar de fumar, por qué me volví vegetariana, tips para sacar ropa más fácil de nuestro clóset, lecciones para viajeros que se animan a viajar solos, especiales de diseño arquitectónico, y hasta retos para sacar cosas de nuestras casas y qué hacer con ese exceso. Para los que quieran seguirme en Instagram mi cuenta es @laminimal___ o se pueden suscribir para que les lleguen las notificaciones al e-mail de las entradas que subo.

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Y mi punto no es contarles lo que he hecho o no he hecho a lo largo de este año (aunque para mi es importante que sepan que he cambiado, por lo menos de mentalidad), sino que a través de quitar tanto exceso de mi vida he descubierto algo. He descubierto que quiero vivir una vida con más consciencia sobre mis acciones y entender que cada cosa que hago tiene una consecuencia, incluso para el medio ambiente. Por lo tanto, he decidido no esperar a que otros actúen por mi entorno, porque quiero hacer parte del cambio precisamente porque me identifico como parte del problema.

Y con este cuento no pretendo juzgarlos (ni a ustedes ni a otros), ni jugar a la justiciera, solo quiero expresar mis preocupaciones y mi visión sobre ciertos temas. Les escribo con el corazón porque mi sensibilidad hacia el mundo ahora es enorme y quiero que entiendan que es posible que noten ciertos cambios, unos más notorios que otros, como por ejemplo los siguientes:

1. Vegetarianismo

Este ya lo sabían, no como ningún tipo de carne desde hace más de un año y los exámenes de sangre confirman que estoy como un lulo. No muchos me han preguntado sobre las razones que me llevaron a tomar la decisión, y para los que lo hicieron tal vez haya sido posible que lo haya resumido en: Crueldad Animal, Nutrición y Medio Ambiente.

Por un lado, si quieren saber sobre las razones que me llevaron a volverme vegetariana debo decir que fue una sumatoria de casualidades que pueden leer aquí, pero si quieren saber sobre por qué hoy en día decido serlo, eso es otro cuento.

Para empezar, mi postura es de rechazo hacia la explotación, sufrimiento y muerte de animales; asimismo hacia la impasibilidad e indiferencia personal con respecto a esa situación. Los animales tienen tanto derecho a vivir como nosotros y a vivir bien.

El tema de nutrición por otro lado es complejo porque es muy debatido existiendo muchas opiniones a favor y en contra del consumo de carne, que si les soy honesta, yo ya no confío en la información que proveen las organizaciones líderes de salud -a nivel mundial incluso- que sugieren que para dietas óptimas es indispensable el consumo de alimentos de origen animal, teniendo en cuenta que decenas de estos estudios médicos se encuentran manipulados a favor de las empresas cárnicas, lecheras y farmacéuticas, porque son ellos mismos quienes los patrocinan. Todo es un negocio. Y en todo caso, la proteína se puede obtener de muchos alimentos y no exclusivamente de animales, al contrario, su consumo está asociado a muchas enfermedades.

Y por último también existe el punto ambientalista. ¿Sabían que para producir un solo kilo de carne de res se consumen alrededor de 15.000 litros de agua a lo largo de la vida de ese animal? ¿Sabían que la ganadería genera más emisiones de dióxido de carbono que la industria del transporte y que es la mayor contribuyente a la contaminación del agua? Además, según datos de la FAO, más del 70% de los cereales y granos cultivados en los países desarrollados se destinan al engorde de animales de granja, dato que se vuelve socialmente insostenible si pensamos que la quinta parte de la población humana no tiene alimentación suficiente, es decir, con solo una fracción de ese porcentaje bastaría para satisfacer las necesidades calóricas de esa quinta parte.

Razones hay miles y hay muchísimo más para abordar en cada punto por supuesto, pero no me quiero extender mucho. No soy experta ni perfecta, pero sí he decidido dar un paso hacia adelante a favor de mis creencias y convicciones. Y bueno, con este escrito no pretendo convencerlos de que ustedes también lo hagan, aunque con suerte cultive una duda o incite a una pequeña acción (tal vez podrían intentarlo así sea un día a la semana para ayudar a reducir el impacto. Si les suena la idea los invito a que se sumen al #LunesSinCarne).

Mi punto después de todo es contarles que cada día que pasa estoy más firme con mi nueva dieta, que mi visión sobre el mundo ahora es distinta y más compasiva, que desde que tomé la decisión he probado los platos vegetarianos más increíbles que se puedan imaginar, que desde que lo hice cocino más, que lamento no haberlo hecho antes y que con determinación espero algún día volverme vegana porque esa sería la mayor coherencia sobre lo que pienso.

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2. No más regalos

Mi familia y algunos amigos ya lo saben, y es que para este año tomé la decisión de NO regalar más cosas, y claro, asimismo espero no recibirlas tampoco. No me interesa más regalar ni ser regalada como consecuencia de las supuestas fechas especiales (que representan una trampa de la publicidad, la cual nos vendió que tenemos que dar algo como símbolo de nuestro afecto, el cual dejó de ser un símbolo hace rato para convertirse en una vara para medir). Les digo una cosa: el amor no es transaccional, el amor no se mide en cosas y personalmente siento que cada vez más me desanima ese tema.

Cuántas veces pensamos que ese detallito era muy pequeño y que qué pensaría la otra persona si solo le llegamos con eso, que si damos más cosas se ve más volumen y quedamos mejor, que cómo no le vamos a dar algo si es el día de tal y tal, que hice un favor y lo normal es que me den algo a cambio (y viceversa),  que es su matrimonio y no le podemos dar menos de tanto, que me voy de viaje y debo llevarle de vuelta algo a la familia, y a los de la oficina, y a los amigos, y a éste porque la vez pasada me trajo también.

No, no funciona así, estoy convencida de la generosidad de muchos, de las buenas intenciones, pero hay algo cierto y es que estamos regalando por compromiso, y es que la misma fecha se impone como tal.

La mayoría de las cosas que nos regalan no las necesitamos, porque si las necesitáramos seguramente ya las tendríamos. Sin embargo, entiendo completamente el valor de la fecha, entiendo que es una excusa para tener un lindo detalle con alguien más. Pero si piensan en los mejores momentos de su vida tal vez se den cuenta que la mayoría -o todos- son experiencias; yo recuerdo viajes, conciertos, risas, personas, momentos, logros, satisfacción, la sensación de plenitud.

Por eso es que he decidido regalar experiencias a cambio -y en ocasiones cosas que probablemente tengan un significado más grande que la cosa misma-; salidas a comer o tomar un café, cartas, entradas a cine, a teatro, a conciertos, a charlas, recetas hechas por mi, clases de algo, talleres, paseos o viajes, libros o mejor aún eBooks porque el valor está en las palabras, chocolates porque van a ser consumidos y disfrutados, plantas porque requieren de nuestro amor y cuidado. Quiero pensar que hasta obras de caridad se pueden regalar; es el caso de una amiga de mi mamá que para cada cumpleaños ella misma crea su propia invitación, planifica su pequeño evento que generalmente involucra tomarse un café con sus amigas, ella misma compra su torta, invita a su amigas, y como regalo pide -que si le van a dar algo- sean regalos para una fundación de niños. Yo hoy en día quiero más de eso. Pensar en ese tipo de regalos me hace feliz, tanto darlos como pensar que alguien me los puede regalar, y si no, también está bien.

No se me olvida también el último 24 de diciembre donde pasamos más de 8 horas con mi mamá y hermana en un Centro Comercial buscando regalos para el tío, la prima, la abuela, el amigo secreto, el vecino, ¡ah! y comprando la pinta navideña porque qué oso no estrenar en esas fechas; salimos corriendo a las 7 p.m. para la casa a arreglarnos porque ahora sí iba a empezar la cena. ¿Qué tipo de Navidad es esa? donde pasamos más tiempo buscando regalos -que probablemente nadie esté necesitando ni sean de su agrado- en vez de pasar un buen rato desde temprano junto con nuestros allegados compartiendo. De verdad me opongo y lo siento.

De hecho les cuento algo, desde que decidí implementar esta «nueva tradición» este año siento que me he vuelto más generosa y desinteresada, que me quité un peso de encima y que el amor se hace más fuerte así. Ejemplos de cosas que he hecho:

  • En Navidad para Emilio y Maria Antonia (mis primitos adorados), decidí que en vez de regalos sería buena idea invitarlos a la casa a preparar pizza y pasar una tarde con ellos (afortunadamente a mis papás y a mi hermana les pareció una gran idea) y pasamos un día muy feliz con ellos.
  • Una amiga compró su primer apartamento y decidí regalarle una planta para su terraza.
  • Un amigo me invitó a pasar Semana Santa en Cali con su familia, así que decidí llevarles chocolates y unos muffins de banano que yo misma preparé.
  • Un amigo cumplió años y lo invité a almorzar; él mismo me pidió que fuéramos a mi restaurante favorito vegetariano (y me pareció muy especial que lo dijera, obviamente no porque sea mi favorito, sino porque sé que en el fondo me entiende y esa es su forma de hacérmelo saber).

En definitiva, quiero dejar de pensar que es poco, medio o mucho lo que estoy dando porque lo hago con amor. Estos son los recuerdos para toda la vida.

3. No más basura

Esta puede sonar extraña pero la huella de basura que generamos es una barbaridad y este tema es relativamente nuevo para mi. Algunos nos acostumbramos a reciclar en la casa, pero es es solo un pequeño eslabón positivo hacia la problemática que representa la basura. La basura no desaparece cuando la depositamos en el shut ni cuando se la lleva el camión.

En una sociedad basada en el hiperconsumo, cada vez son más los residuos que se generan con consecuencias alarmantes en el ambiente. Solamente en Colombia se generan 12 millones de toneladas de basura al año y solo se recicla el 17%, y en el mundo también es una pequeña fracción. Debemos ir hacia lo que se llama economía circular. Es decir, hacia el aprovechamiento de los productos que se pueden reutilizar, regenerar, reparar.

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Esto sin contar sobre los millones de toneladas de basura que se vierten al mar, los efectos dañinos sobre la salud que representa su descomposición, los animales que mueren como consecuencia, los humanos que se alimentan de estos animales ya contaminados y el riesgo sanitario que supone para miles de comunidades enfrentarse diariamente a estos desechos y vivir con ellos.

Y esto es solo una  fracción de las consecuencias, por eso por mi parte siento que no debemos concederle este problema solo a las autoridades, ni a una enzima que disuelva el plástico, ni a la máquina que removerá las basuras del Océano Pacífico. Todo empieza por casa y todo empieza por rechazar. Rechazar desechables y todos los productos que se utilizan por única vez, rechazar el plástico lo más que podamos (botellas, empaques, pitillos, las frutas y verduras empacadas que son un verdadero insulto, las bolsas, los juguetes), rechazar la demanda.

Mi corazón se partió cuando vi esta foto de un pájaro en el documental A Plastic Ocean el cual recomiendo con el alma (lo encuentran en Netflix). Y lo siento, no pretendo ser amarillista y nunca lo he sido, pero esta es una realidad y por el hecho de que no queramos verla no significa que no exista.

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A mi me duele entender esto. En fin. Esto es algo que quiero empezar a trabajar desde este año y voy a poner de todo mi esfuerzo por disminuir mi huella de basura. Les recomiendo seguir y leer a @marianamatija quien de verdad ha transformado mi visión y brinda información súper útil y valiosa sobre este tema, este es su blog: www.cualquiercositaescarino.com  Su próximo taller online (el cual voy a tomar) empieza el 4 de mayo por si se quieren apuntar también, más info aquí

Y bueno, al final como les conté al inicio, todo termina con una búsqueda, y esta es mi búsqueda del sentido de la vida o mi redefinición del mismo. Todos creemos que somos buenos hijos, buenos padres, buenos hermanos, buenos primos, buenos ciudadanos, pero es importante también ser una buena y mejor especie.

Y no me considero hippie, ni ambientalista, ni yogui, ni abraza árboles, o tal vez en el fondo sí lo sea, no lo sé, pero no quiero etiquetarme porque considero que soy un mundo de personas y alguien en constante transformación. Este texto nace desde el amor y solo busca la comprensión y tolerancia por nuestras diferencias, así como el respeto por nuestras creencias. Todos vinimos a explorar y a ser libres y esta soy yo, o mi nueva yo, y bienvenidos a los que se quieran sumar a hacer parte del cambio.

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Un día feliz con Dexter. RIP.

 

Con amor,

 

Ana.

 


Fotos: bridalmusings.com & Pinterest.

Fuentes: vegetarianismo >www.fao.org / basuras >www.dinero.com, documental A Plastic Ocean.

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