Sobre el ejercicio de escribir [ Recuerdos, diarios y cómo sané un corazón ]

Después de varios meses sin escribir me animo a hacerlo hoy nuevamente, domingo 7 de febrero de 2021. Desde que tengo memoria y escribo en diarios, tengo la costumbre de anotar las fechas de creación en todos mis textos, incluso el día de la semana para contextualizarme rápidamente porque no es lo mismo el ánimo del lunes al de un sábado. Suelo hacerlo en diarios, en cartas que luego entrego o en postales que envío ¿Acaso esta no es una forma de tallar un momento en el espacio? Si para algunos poco o nada importa, para mí es una forma de llevar registro de mis pensamientos mutantes, de las transformaciones que suceden a lo largo de la vida y de los críticos puntos de inflexión.

Hace una semana y un día me mudé a un nuevo apartamento aquí en Bogotá, y entre el punto A y el punto B por supuesto trasporté mis cajas de recuerdos, son dos. Secreta y culposamente siento que no existe alguien más nostálgica que yo. No dudo que muchos de nosotros tengamos posesión de cajas así; cargadas con diarios, fotografías, peluches, entradas a espectáculos y objetos que se sienten como reliquias. Con plana confianza puedo asegurar que la mayoría de nosotros las conoce y seguramente también las tiene, sin embargo yo siempre las he transportado como cajas que cargan peso del pasado pero que son concebidos para el futuro.

Mis cajas de recuerdos guardan objetos como mi primer Walkman y Discman, así como películas de cine independiente en VHS y DVD. Tengo una amplia colección de revistas que leía de niña como Dini (con portadas de Space Jam y Titanic), luego de adolescente como la Rolling Stone y después aparecen otras que han influenciado mi trabajo como diseñadora gráfica. Tengo un E.T. en muñeco, una colección de tazos (para quienes los recuerdan), unos trolls en miniatura, mi primera compra online que seguramente fue hacia el año 2001 y la realicé en Aerosmith.com; de esta tienda me llegó un calendario y un pedazo enorme de tela con el estampado de la banda. Tengo fotos de documento y de la vida, carnéts de colegio y universidad, cartas y diarios, y más diarios, de hecho una caja solo consta de ellos. Inevitablemente mientras escribo pienso que no debería estar contando estas confesiones teniendo en cuenta el nombre de esta blog. Shame on me.

Mientras nos sentábamos rodeadas de muebles sin armar, polvo y cajas de pizza en nuestro nuevo apartamento con mi hermana, de repente ella soltó una carcajada mientras yo le leía un párrafo de uno de mis diarios del ’99. Le contó a mi novio, quien también nos acompañaba, a manera de anécdota y chiste, que yo siempre he guardado esos objetos pensando en que algún día tendré hijos para mostrárselos. Lastimosamente no puedo refutar esa afirmación, durante mucho tiempo lo manifesté. Sin embargo, hoy en día ya no sé si quiero hijos, pero lo que sí sé seguridad es que espero que estos retazos de una persona, sirvan para la reconstrucción de toda una vida. Entre tantas cosas que la mente olvida, mis diarios y objetos me transportan a lo que un día fue y cómo fue.

Dentro de las cosas que caracterizan mis diarios, existen dos cosas esenciales que no pueden faltar: La primera, siempre escribo la fecha con año, a veces la hora, últimamente tiendo a describir el momento y el espacio en que lo hago. Y la segunda, siempre he firmado con frases de cierre alentadoras (“Hoy es un buen día” indistintamente del día, esa es la más común). Esta segunda, me ha llamado la atención porque si mis diarios se pueden concebir como la representación de una carta que me escribo a mí misma, esto quiere decir que la emisora y receptora del mensaje siempre soy yo, y esa es una forma muy linda de ver un diario. Poderme decir allí lo que en mi cotidianidad olvido, como: agradecerme, echarme flores o desearme un buen día, se convierte en un ejercicio de mucho valor.  

Varias veces he recomendado por aquí el libro «El camino del artista» de Julia Cameron. Considero que fue un libro que conectó particularmente conmigo por las «Morning Pages». Las páginas matutinas son tres páginas de escritura a mano realizadas a primera hora de la mañana. Hay que tener en cuenta que no hay forma incorrecta de hacerlas, ellas son simplemente una corriente de conciencia. No hay que pensar mucho estas páginas matutinas, no hay que «saber escribir», solo hay que escribir tres páginas de cualquier cosa que queramos…y luego hacer tres páginas más la siguiente mañana. Eso es todo.

Escribir nos ayuda a ordenar ideas, sanar más rápido y a liberar al dejar los problemas plasmados sobe el papel. Este acto expresivo permite a las personas tomar un paso al costado y evaluar la vida desde un aspecto más equilibrado. Escribir evita que nos obsesionemos con una situación y eso nos permite enfocarnos en seguir adelante. Escribir nos invita a desnudarnos y a entregarnos.

En mi caso, usualmente me gusta escribir cuando:

1. Necesito sanar

Breve historia de cómo sané un corazón roto

Después de cada ruptura amorosa he escrito. Encontré su magia años atrás al terminar una relación por allá en el 2014. Entendiendo de manera lógica y consciente que era una relación que ya no me aportaba tranquilidad, decidí escribir. Lo hice en un blog que mantengo privado, lo hice en diarios, lo hice en post-its, y lo hice durante varios días hasta que mi corazón se repuso y ya no sentí la necesidad de hacerlo más. Reafirmarme incluso en mis escritos las razones por las cuales debía cerrar un ciclo, me ayudaron más fácilmente a continuar sola mi camino. Al mismo tiempo, sorprendentemente me di cuenta que es una herramienta poderosísima de sanación…pero desde la raíz.

Existen relaciones en donde no nos queda otra salida más que soltar. A veces no hay grandes explicaciones más que una intuición y un desamor, y aún así, descubrí que indistintamente del caso, siempre existirán razones para estar y no estar con alguien. Y esas razones que existen para no permanecer fueron mi mayor refugio y mi mayor tranquilidad en un momento donde necesité encontrar explicaciones que él mismo no me pudo dar. Comprendí que sin importar las circunstancias, los detalles, la profundidad de los sentimientos y las secuelas de los actos del pasado, era yo quien debía agarrar el toro por los cuernos y sobreponerme a la situación. Él no me había abandonado meses atrás con su indiferencia, era yo quien decidía despedirlo en un acto consciente y privado. Las relaciones no se acaban cuando terminamos, se acaban cuando con certeza dejamos ir.

Sin intención de hacerlo, solo porque mis dedos teclean lo que mi corazón dicta en este momento quiero compartirles mi forma de sanar de fondo una relación a través de la escritura. Aclaro que esto nadie me lo enseñó, nadie me lo contó, no fue leído en ninguna parte, solo fue algo que por cuenta propio decidí hacer un día, y luego nunca lo abandoné porque funcionó.

Pocos días después de haber terminado esa relación y con el corazón en mis manos, me encontraba haciendo scroll hacia abajo en Instagram, hasta que de repente la vi, entre tantas imágenes, finalmente identifiqué una frase que me cautivó. Esta es una de las pocas frases que he logrado retener en mi vida y es una a la que acudo con frecuencia cuando veo que le estoy dando rienda suelta a mis sentimientos sin ninguna contención. La frase dice:

«El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal«.

Simone de Beauvoir

Amar desde la fuerza, amar desde la fuerza, me repetí una y otra vez. ¿Por qué he estado amando desde la debilidad todo este tiempo? ¿Por qué he estado amando desde la entrega desmedida y la devoción? ¿Por qué no he comprendido mis propios límites, los de mi pareja y mi relación? Leer esta frase, entenderla y desglosarla junto con mi psicoanalista del momento, me llevó a interiorizarla y consumirla con dulzura. La escribí en un post-it junto con otro par de frases que quise tener presente, y cada mañana cada vez que amanecí invadida por la melancolía, las leí, una por una y me llené el alma con un poquito de fuerza, con un poquito de «me duele pero lo entiendo», con un poquito de impotencia pero así debe ser («es muss sein«), con un poquito de no hay otra forma y eso también está bien.

Los invito a que realicen este ejercicio, no solo para rupturas amorosas, también para otros momentos de vida. Hay tantas frases incomprendidas e inspiradoras, que solo están buscando ser leídas dentro de ese espacio infinito de las letras por los circuitos sorprendentes de las mentes. Leerlas, realizar una pausa, entenderlas, mejor aún comprenderlas, interiorizarlas y aplicarlas a la vida, trae consigo un poder inmenso de transformación personal.

Siguiendo con mi historia, lo siguiente que me ayudó con la ruptura de ese entonces fue escribir mis páginas diarias así como lo predicaba Julia Cameron. Ya no se trataba de la interpretación de los pensamientos de alguien más, se trataba de los propios. Pensamientos en su estado más crudo que surgían desde la irracionalidad, el dolor, la rabia, la sensibilidad y la emotividad, desde el «quiero sanar pronto y no sé si esto sirva», el desasosiego y la búsqueda de la luz. Escribía, cada vez que el corazón dolía, escribía con sentido y sin razón, escribía con intención y sin rumbo, escribía con una tipografía pulida y prolija y también escribía sin ser legible, escribía, y mientras lo hacía soltaba también.

Para quienes quieren ir un paso más allá, recuerdo también la recomendación que me realizó mi psicológa en otra ocasión (comprendiendo precisamente ese amor mío por escribir). Me dijo un día: hazlo ahora con tu mano izquierda. Sí, con mi mano no dominante. Escribir o aprender a utilizar con moderación la mano no dominante puede desarrollar y activar nuevas áreas del cerebro y proporcionar un mayor rendimiento cerebral. Además ayuda a centrar la atención en la actividad que estemos realizando al momento. Yo, al encontrarme inmersa en un universo creativo, debía concentrarme en lo opuesto a mi tendencia. Activar el hemisferio de mi cerebro contrario, el analítico y lógico, se convertía en el siguiente paso equilibrado a seguir. Eso hice. El drama poco a poco desapareció.

Por último, escribí varias historias en un blog personal y sin publicar. Allí suelo poner mis historias de escritora frustrada, como infortunadamente llaman. En ese blog intento escribir historias con sentido y con ritmo. Allí plasmé un torbellino colmado de imaginación.

Esas, recuerdo, fueron 3 cosas que realicé alrededor del tema de escribir. Seguramente no en ese orden, seguramente no diariamente, seguramente con alguna variación, pero cuando miro hacia atrás y cuando ubico ese corazón buscando sanar, siempre identifico el ejercicio constante de escribir como una de las herramientas mas poderosas que me ha regalado la vida. Como ven, no se necesita ser escritor para hacerlo. Por mi lado simplemente lo concibo como un acto de liberación, de organización de pensamientos, de meditación plena, de algo sobre lo que en ocasiones vale la pena hacer una prosa y también sobre lo que no vale ni una rosa. Voilà.

Este mismo ejercicio lo apliqué nuevamente 2 años atrás cuando terminé mi última relación y honestamente me sentí mucho más empoderada esta siguiente vez; era ya un proceso conocido. Esta vez escribí 10 razones por las cuales yo sentía que no debía estar con esta persona (aún cuando él me terminó) y cada vez que me invadía la desazón; las leía, respiraba y continuaba, esta vez con más ligereza y menos rencor. Hoy en día con el corazón le deseo lo mejor. También es un acto de paz y reconciliación.

2. Estoy realizando un cambio

Cada vez que estoy realizando un cambio significativo en mi vida o que sucede algún acontecimiento importante en el mundo intento escribir. Eso fue lo primero en que pensé cuando se activaron las alarmas de pandemia. Todos esos escritos están plasmados en este blog, son escritos que buscan crear un espejo de los pensamientos y las memorias, armar una cronología.

 [ Aislamiento día 1 – Un Cielo Gris – Primer día de cuarentena ]

Pocas cosas disfruto tanto como cuando mi mamá me cuenta sobre los eventos que sacudieron mi vida antes de ser vida, eventos que le dieron luz a mi nacimiento, y eventos que sucedieron en los años que le siguen. Yo nací el mismo día que Alfred Hitchcock y Fidel Castro pero en años distintos, nací en Colombia cuando existía la guerra de los carteles y Pablo Escobar aún seguía vivo, nací el año en que Andrés Pastrana Arango fue secuestrado y cuando esa palabra era el pan del día a día en mi país, nací en el periodo de la progresiva desaparición de la Unión Soviética y cuando Michael Jackson lanzó «Man In the Mirror». Y luego, 4 años después de esos hechos que circularon por el ’88, tuve mi única hermana y fue justo en este año cuando el país vivió un apagón nacional.

Conocer estos hechos, indagar sobre ellos, escucharlos en primera persona de mi mamá en la forma en que ella los recuerda, no tiene precio. Por otro lado, escribir sobre hitos que marcaron mi vida con la intención de algún día recrearlos nuevamente para mí desde el mismo papel que lo vivió conmigo (un sustrato que no olvida), es un acto de autoconocimiento inmenso. Mi intención es tener al alcance mi comprensión del mundo en distintas etapas a través de mis pensamientos, así como alguna vez lo hizo Ana Frank —sin compararme de alguna forma con ella, más que encontrar una similitud en el nombre y en el acto de escribir—.

3. No pienso con claridad

Escribo también cuando no pienso con claridad, cuando me invade la duda o algún sentimiento mortífero para el alma. Cuando siento rabia, cuando siento frustración, cuando siento tristeza o decepción. Lo hago como ejercicio de catarsis, lo hago en diarios o lo hago en notas en el celular. En medio de mi oscuridad me gusta escribir porque me ayuda a soltar, me ayuda a exponer y luego a visualizar con más luminosidad esos pensamientos ahora perceptibles. En vez de gritar escribo, en vez de vengarme escribo, en vez de llorar escribo, y a veces también escribo, me vengo y lloro, también lo hago porque es un entrenamiento constante, que en el momento en que no se ejercita se pierden los beneficios.

4. Cuando tengo algo por decir

Escribo como todos cuando tenemos algo puntual por comunicar, pero también lo hago aquí, por este medio y en medio de todo. Hoy por ejemplo sentí la necesidad de escribir nuevamente, hice una lista de temas, elegí uno, escribí sobre el ejercicio mismo de escribir, luego al terminar me di cuenta que no era eso sobre lo que tenía pensado hablar, pero como ya ven, así sucede la escritura. A veces es poco predecible.

Solo tengo para decir que escribir es un acto hermoso y muy poderoso. Hace poco le dije a mi novio actual que tenía miedo de escribir sobre él en mis diarios, que a veces lo consideraba como un mal presagio, que qué sucedía si no escribía sobre él y lo convertía en mi nuevo augurio de conservación. Se lo dije en una carta, lo dejé que la leyera una vez y luego le dije que la quemaríamos juntos. Esto sucedió el 31 de diciembre de 2020 sentados en el piso de su apartamento. Le dije que las palabras nada importan cuando las acciones no van de la mano, le dije que está bien que las palabras se las lleve la brisa y la magia de la incertidumbre, le dije que a partir de este año dejaría de creer en lo conocido, y mientras lo decía, el papel se desvanecía en medio del humo ante nuestros ojos.

Para mí las palabras son tan ligeras que con facilidad pueden quedar suspendidas en el aire y al mismo tiempo cargan un peso incuestionable que pueden llegar a cambiar vidas; qué linda es esa dualidad y esa fluctuación. Ellas son lo que son y lo que queremos que sean y ellas son solo una forma de expresión. Al final, mi novio sonrió, él no cree en la mística, en el ritual ni en el más allá. Y fue así, como el “Te amo” escrito desapareció sobre la evidencia, pero aún así se evidencia cada mañana cuando vuelve a salir el sol.

Suena Overnight de Chilly Gonzalez. / Primer borrador. / 4:07 p.m. de un domingo soleado en Bogotá.

Con amor,

Ana.


Fotografías: Arturo Bamboo

3 comments

  1. Sebastián

    ¡Genial!
    Seguramente tendré un libro de su autoría en mi biblioteca.
    ¡Ánimo!

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  2. Vanessa

    Yo soy igual , guardo mil cosas y todas porque me recuerdan algo, sobre todo fotos y libros. Y sí, escribir es terapéutico, sanador y expresión creativa, todo en uno! 🙂

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    1. La Minimal

      ¡Vanessa! Qué alegría me da recibir un mensaje tuyo. Los recuerdos son pequeños tesoros que guardamos, sin embargo, con esta ola de minimalismo he logrado reducir bastante la cantidad de objetos que poseo y con el tiempo ha sido más fácil dejar ir incluso hasta recuerdos que ya no me mueven mucho…siempre le he tenido mucho respeto al apego. Y en cuanto a escribir, ¡uff! para mí ha sido súper transformador, tal cual como lo describiste, un súper pack.

      Gracias por leer y comentar 🙂 ¡Un abrazo!

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