Sobre el Hygge y un espacio sagrado

Escribo este texto mientras escucho -y canto- La Gatta de Gino Paoli. La primera vez que escuché esta canción fue por Caracol Radio en el programa Mi Banda Sonora. Algún personaje habría mencionado que esta canción había marcado algún periodo de su vida y desde ese entonces la escucho porque me transmite paz, y la canto aunque no sepa italiano. 

Hablando de paz, hoy quiero hablarles sobre algo que vengo haciendo desde hace un tiempo, una hora aproximadamente antes de acostarme. Se convirtió en un ritual (aunque no me guste mucho esa palabra) y ahora sin duda, es el momento que más disfruto del día. 

Esto que les voy a contar se funde con un nuevo término que descubrí hace unas semanas y un libro que me leí dada la curiosidad que me generaba ese concepto. La palabra es Hygge: el secreto danés de la felicidad. Para los que no la habían escuchado, les quiero resumir brevemente que en esta parte del mundo (y en la cultura nórdica en general), la palabra Hygge se puede utilizar para hacer referencia a distintas acciones que llevan a tener una forma de vida cómoda y placentera. Sin darle muchas vueltas Hygge es (y es el concepto que más me gusta):

«la felicidad en las cosas simples”.

¿Si han visto esas palabras que solo tienen significado en ciertas partes del mundo pero son difícilmente traducibles a otros idiomas? Bueno, esta es una de ellas.

Pero para no enredarlos tanto (porque hasta el momento no he dicho mucho), el Hygge se vive y varias fuentes coinciden con que esta es la clave para que en los países nórdicos vivan cobijados bajo una gran calidad de vida. Yo no realizo al pie de la letra los distintos puntos que deberían tenerse en cuenta para una vida más Hygge, pero sí me he estado relacionando con algunos y sobre estos les estaré hablando hoy.

Volviendo entonces a mi punto, todo termina con mi día laboral y empieza con la preparación de un espacio. Lo que hago es lo siguiente:

Espacio limpio y cómodo

¿Han oído algo acerca de los espacios sagrados o altares? Bueno, este básicamente es un espacio donde podemos reconectar con nuestra esencia. Lo más importante que deben saber es que no existen reglas, ni formas ideales para hacerlos, todo se centra en un espacio personal (sagrado si lo quieren llamar) que básicamente será una representación de nuestro ser, donde podamos obtener tranquilidad sin distracciones, donde podamos depositar nuestras más genuinas y positivas intenciones, un espacio que encontremos agradable.

En el caso de muchos puede ser el rincón de una habitación, una caja llena de objetos atesorados, una mesa en el estudio; el lugar que destinemos casi que es intrascendente mientras podamos obtener privacidad y sentirnos cómodos haciendo nuestro ritual. En mi caso decidí que sería una de mis mesas de noche al lado de mi cama. En ella suelo poner distintos objetos (que les iré contando a medida que sigan leyendo), y he decidido que la hora en la que encuentro el punto más alto de conexión es en la noche, justo antes de irme a dormir. Sin embargo, por la mañana a veces también me da por prender una velita y dedicarle un momento a la gratitud. Personalmente a mi me da mucha paz tener mi espacio limpio, y al estar al lado de la cama, una vez dentro de ella todo se vuelve muy cómodo y personal. 

El ambiente realmente influye en el estado de ánimo de las personas, así que si deciden hacer uno, que sea un entorno donde se sientan cómodos y donde disfruten estar.

Apagar aparatos electrónicos

Como les conté vengo un poco agotada por la cantidad de información que recibimos diariamente, especialmente de las redes sociales que nos consumen tanto tiempo. Es por tal motivo, que he decidido que en mi espacio y momento sagrado del día, voy a dejar el celular en modo avión para evitar realizar o recibir llamadas, contestar correos, ver redes sociales, saltar al oír notificaciones. 

Esto sin contar los efectos nocivos que tiene sobre la salud. Está claro que la tecnología ha traído múltiples beneficios para las personas, lo que a veces se ignora es la contaminación invisible (y visible también) que hay detrás de todos estos adelantos de la modernidad. Estudios demuestran que entrar en contacto constante con distintos aparatos electrónicos pueden llegar a afectar la vista, el cerebro, el sistema circulatorio.

Confieso que estoy expuesta prácticamente todo el día a ellos, por lo tanto es un respiro visual y hasta emocional cuando decido separarlos de mi o apagarlos así sea por unos minutos. Paz.

Iluminación

Para mi el tema más emocionante de todos. Apago la luz, enciendo una lamparita de luz tenue y prendo una o varias velas. Compré un kit de velas recientemente y cada una de ellas viene en un color y con un tema distinto para cada día de la semana. Por tal motivo intento pegarme a la “regla” de trabajar cada día la intención del tema de la vela. Me gusta porque siento que a veces nos volvemos muy insistentes con una misma intención día tras día, esperando desesperadamente que se nos den las cosas en un solo aspecto de la vida, por lo tanto, tener una vela para distintas intenciones me permite ser agradecida por diferentes razones y depositar mis propósitos en todos los matices que puede presentar el ser humano. Así las trabajo yo:

  • Lunes – Vela Amarilla – Abundancia y prosperidad
  • Martes – Vela Roja – Amor fraternal y de pareja
  • Miércoles – Vela Blanca – Paz de hogar y universal
  • Jueves – Vela Verde – Salud física y espiritual
  • Viernes – Vela Naranja – Visualización y claridad mental
  • Sábado – Vela Violeta- Renovación y cambio
  • Domingo – Vela Azul – Protección y tranquilidad

*He aprendido que el color es una forma de energía vibracional que nos afecta a distintos niveles. El color en una vela desbloquea ciertos comportamientos de la mente. Todos reaccionamos a distinto a colores y las distintas longitudes de onda -o frecuencias-, y son ellas quienes potencian distintas partes de nuestro ser. 

Y bueno, por donde sea que lean de Hygge leerán de la importancia de las velas. Imaginen un tiempo donde no había electricidad, y la luz y el calor que proporcionaba el fuego (velas o chimeneas) se volvieron una necesidad a lo que aferrarse. Por tal razón, pueden disfrutar de esta ancestral tradición y utilizar las velas para mejorar su hogar o espacio sagrado. El cálido resplandor de una vela puede realizar maravillas en el estado de ánimo de alguien, y me consta completamente.

Las hay incluso aromáticas para que relajen aún más. Una lámpara también puede crear un espacio cálido y acogedor. 

Música clásica

La gente me ha comentado últimamente que he cambiado mis gustos musicales y muy en el fondo creo que sí, y muy en el fondo creo que no. No los he cambiado porque me siguen moviendo los mismos ritmos que disfrutaba en mi adolescencia, pero al mismo tiempo creo que he aprendido a conectar con otros. Me mueven distintos géneros y canciones durante diferentes momentos de la vida, pero al mismo tiempo me permito conectar con otros en nuevas facetas que van apareciendo mías. No todo es blanco o negro.

Recuerdo hace unos años, en alguno de mis episodios de ansiedad nocturna, cuando no podía conciliar el sueño y tenía tan tensionados los músculos de la espalda que lloraba del dolor y hasta de la vida, que mi hermana me acompañó y entre sus palabras de sosiego, me dijo que me pondría música clásica para que pudiera dormir. Sin concentrarme mucho en el hecho y ante la impotencia y debilidad del momento, no musité palabra y estuve atenta a lo que ella encontró en un canal de YouTube. Para mi sorpresa cerré mis ojos y tras unos minutos logré dormir.

Debo decirles que después de ese día percibo este género musical de una manera muy distinta, casi que como sanadora. Mi hermana y yo hemos sentido gran afinidad con ella de una manera enigmática, incluso le pedí que se aprendiera en piano La Bagatelle no. 4, WoO 59 «La Lettre à Élise» de Beethoven, Rondo «Alla turca» de Mozart y la más linda de todas Comptine D’un Autre Été de Yann Tiersen .

Ambas soñamos con ir alguna vez a una función donde las protagonistas sean sus trascendentales notas, una de esas que muestran las películas; en un teatro clásico de atmósfera solemne, con genios excéntricos moviendo y alzando las manos mientras dirigen su orquesta, acompañado de un público silencioso y formal en su vestir. Desconozco este mundo, así que cualquier barbaridad que esté diciendo pueden sentirse libres de hacérmelo saber, lo único que sé es que escucharla es realmente consolador y emocionante si se dejan llevar.

Me recuerda incluso a la era dorada de la animación americana con historias de Mickey Mouse haciéndole un homenaje a la música clásica e instrumental. Vean de que les hablo (lo siento, soy muy nostálgica por otras épocas):

Y para los interesados en alguna playlist, les dejo mi lista en Spotify: Sleeping Mode con canciones de Yann Tiersen (compositor francés conocido por dar vida a la historia de Amelie), canciones de Bach, Mozart, Chopin y hasta Louis Armstrong, Enya y Gustavo Santaolalla se colaron por ahí.

Aromas & Esencias

¡Inciensos, difusores, esencias, fragancias, velas aromáticas! No saben cómo los disfruto ahora.

Me he dado cuenta que muchas cosas que usualmente optaba por rechazar ahora he decidido darles la oportunidad y han sido experiencias transformadoras. Recuerdo hace muchísimo tiempo, tal vez tendría unos 15 años, haber comprado en una feria artesanal un «porta-incienso» con una linda ilustración de una casita pintada en una noche estrellada. Posterior a eso compré mi cajita de inciensos con olor a Sándalo. Sándalo era el único aroma que reconocía en esta presentación, y les cuento que lo prendí tanto, que finalmente lo quemé (figurativamente hablando). Hoy en día no lo soporto, o eso creía. Me rehusé a aceptar esas limitantes, y he vuelto a relacionarme con los inciensos, especialmente en este momento de mi vida para limpiar espacios y cristales.

Del mismo modo, pero totalmente en el sentido contrario, me ocurrió con el eucalipto. Corría el año 95, cuando solía salir con mi abuelo todos los viernes, después de llegar del colegio, a recoger los frutos del eucalipto. Recogíamos bolsas y luego las llevábamos a la casa para apreciar los tesoros recogidos del día. Eran esas épocas de parques verdes y naturales, no como los que solemos ver hoy en día llenos de concreto y con aparatos para hacer ejercicio. Recuerdo árboles inmensos y el color verde pino flotante inmerso en un barrio de Los Andes en Bogotá. El eucalipto desde ese entonces siempre será el aroma que me recordará a mi abuelo y a una casa con el amor de familia. Hace tanta parte de nuestro ADN familiar, que de hecho una tía y su esposo se dedican a la extracción de esta esencia natural para laboratorios, porque eso sí el eucalipto es muy bueno -principalmente para problemas respiratorios-. Entonces lo he tenido siempre muy cerquita mío.

En fin. Todo esto solo para decirles que los aromas nos transportan a diversos momentos de la vida, nos recuerdan a personas, situaciones, espacios, y es por esta razón que las fragancias que dejo fluir en mi altar, muy probablemente queden marcadas en mi inconsciente para recordarme más adelante del ritual que realizaba a los 31 años en las noches frías de Bogotá. 

Libros

Confieso que soy una persona de momentos. Por momentos siento ganas de ver todas las noches una serie, por momentos me conecto con algunos hobbies como bordar o pintar mandalas, y por momentos decido reincorporar la lectura a mi vida. Ahora estoy en uno de esos momentos, de leer y cultivar. Por momentos quiero leer sobre temas apasionantes que me reactiven al instante como The More of Less, La Sabiduría del Eneagrama y La Estrategia del Océano Azul, pero por momentos me atraen recomendados de la literatura como El Extranjero, El diario de Ana Frank, Los Reyes Malditos y Sapiens (libro que amo y recomiendo un millón de veces). El último libro que leí fue Rebelión en la Granja de George Orwell, y ahora por el momento me apetece una novela y he decidido que sea Dónde me encuentro de Jhumpa Lahiri, hermoso hasta el momento.

Los libros nos ponen a soñar, nos dejan ideas dando vueltas y nos llevan a un viaje interior inexplicable. Si se lo estaban preguntando entonces, así es como paso el tiempo en mi pequeño ritual.

Intenciones

Y bueno, después de regalarle unos minutos a la lectura, decido conectarme con mi maestro espiritual al que yo he decidido llamar Dios, pero que concibo como un todopoderoso de la naturaleza, del universo, de todos los seres, de lo creíble y lo increíble, de todo lo lindo y lo malo del mundo (porque de lo malo también aprendemos), y bueno, él es un Dios supremo para mi, aunque para cada uno lo sea distinto, o no lo sea del todo. No creo en la iglesia, ni en una infinidad de santos, pero definitivamente sí creo en una conexión que tenemos con el más allá.

Siempre suelo empezar agradeciendo por el día y por las cosas más diminutas y esenciales de mi vida. Luego suelo pedir guía y usualmente pongo mi intención sobre ese tema de la vela que les mencioné. Me dejo usualmente llevar por mi intuición,  y es así como después de unos minutos de honrar la naturaleza, mi vida y la de mi familia, la magia de estar viva, agradecer y pedir guía, agradezco por mi espacio sagrado y apago las velas y la lamparita que todavía brilla. 


Espero que algunas de las cosas que les mencioné les sirvan de ayuda para momentos difíciles o con anhelo de calma. También quiero que visualicen la importancia de dedicarnos unos minutos al día de absoluta paz y tranquilidad. Poco a poco espero incorporar la Meditación también a mi vida, que considero va muy bien con este tipo de espacios personales. Más adelante les estaré contando también sobre otros principios Hygge. ¡Gracias por leer!

Con amor,

Ana.


Fotografías: Pinterest

*Newsletter www.instagram.com/layogini/?hl=en

2 comments

  1. María

    Muy buen aporte. Gracias por compartirlo.

    Responder

    1. La Minimal

      Hola María. ¡Gracias a ti por leer!

      Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: