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España, mi lugar feliz. 10 lecciones minimalistas para viajar solos.

Hoy quiero pensar en un lugar feliz, y mi mente comienza a atar nodos y a reconstruir un camino que me traslada a España. España, mi lugar feliz, la que me enseñó -así fuera por un cortísimo tiempo- la verdadera esencia de la libertad. A 8.000 kilómetros de mi ciudad de origen, se halla este hermoso país con el que había soñado hace años y que la vida me permitió conocer hace dos.

Hace un par de semanas le pregunté a mi hermana qué pensaba sobre el hecho de que escribiera sobre este viaje que realicé sola. Me dijo lo siguiente: “Si quieres hazlo, yo sé lo que significó para ti, pero recuerda que hay miles de mochileros que hacen ese tipo de viaje, y más lejos, y son más aventureros, si lo vas a hacer, trata de no sonar muy presumida sobre algo que es más cotidiano de lo que tu piensas.” Y lo dejé.

Pero no, ¡no lo quiero dejar! ¿Y qué si hay otros con historias más emocionantes? Yo tengo la mía, y es muy especial. España sigue viniendo a mi cabeza y no por la famosa Puerta de Alcalá, ni por el Museo del Prado, Thyssen ni Reina Sofía, no por el Camp Nou ni el Bernabéu, ni por el legado de Picasso, Gaudí, Miró ni Dalí; España viene a mi porque fue el último lugar en donde sentí que fui real y completamente feliz, sí, esa sensación que te produce la vieja felicidad del éxtasis, o el éxtasis de la vieja felicidad, y eso señores…no se olvida -o yo por lo menos tengo mis 3 momentos muy claros en la vida-.

Viajar a Europa era mi viaje soñado y con un esfuerzo lo pude hacer. Nunca pensé que esa plata sería la que me trasladaría a ese lugar, pero estoy convencida que todos mis ahorros siempre se han abierto camino para encontrar su mejor destino. Así que decidí que era el momento; un amigo colombiano me dijo que también viajaría y justo en mi bandeja de entrada llegó un e-mail con la mejor promoción de tiquetes aéreos; no lo dudé, compré, pasaría mi cumpleaños allá, y ya no habría vuelta atrás.

Comenzaría mi viaje en Madrid, dudé entre San Sebastián y Valencia, pero me fui con Valencia y finalmente conocería Barcelona. Además lo haría sola -porque con mi amigo solo me encontraría en Barcelona- y bueno, cuando no hay nadie más que se sume al plan, lo haces sola.

Sola había vivido 3 años de mi vida en Buenos Aires, pero este plan era distinto. Este sería mi primer Gran Viaje -Internacional- de vacaciones sin amigos ni familiares y se supone que las vacaciones se pasan acompañados ¿no?, no saben la ansiedad que esto me generó al inicio. Por un lado me sentía independiente y poderosa al hacerlo, pero por otro, muy en el fondo lo cuestioné todo, ¿qué pasaba si mi viaje soñado terminaría siendo el peor viaje de todos?, no era particularmente como lo había imaginado. Sin embargo me relajé, decidí dejarme llevar y comencé a planear.

Hice mi propio recorrido en Google Maps, busqué los must de cada lugar así como lo sitios no tan turísticos, miré miles de restaurantes, pastelerías y casas de té en Instagram y Facebook, comencé a anotar todo en un cuaderno, puse precios de cada entrada a museos. Todo estaba planeado, y debía ser así si estaría sola o ¿qué iba a hacer tres semanas conmigo misma?

Y fue así como viajé y estas fueron las lecciones -basadas en experiencias- que me llevé:

1. Los hostales son una gran idea

O al menos para mi lo fueron. En Madrid y en Valencia opté por ellos, y fue por esa razón que pude conocer personas increíbles que me hicieron sonreír…mucho (esta es la gran razón). Si viajamos solos y tenemos un presupuesto limitado, pienso que es la mejor opción. Hay hostales divinos por muy bien precio. A mi me fue muy bien con los míos; limpios, cómodos, bien ubicados y con gente muy cool. Esta fue una de las mejores elecciones que tomé sin duda.

[ Toc Hostels – Madrid tochostels.com y Urban Youth Hostel – Valencia urbanyouthhostel.com ]

2. Viaja ligero

Mi maleta fue un elemento recurrente durante el viaje al haber decidido conocer varias ciudades. Trasladarla, cargarla, llenarla, vaciarla, me enseñó -a las malas- a que debo viajar con menos porque de lo contrario el viaje se hace más agotador. Gran error que cometí. Muchas veces tuve que andar con mi maleta por las calles, cargarla por escaleras, subirla a algún locker que no siempre estaba a la mano, en fin. Acostumbrémonos a viajar con menos; la ropa favorita y esencial, y olvidémonos de llevar cosas “por si acaso” (ante la necesidad es más fácil comprarlo en el lugar de destino), después de todo, no creo que exista un objeto tan importante que nos impida tener un buen viaje.

3. Camina y piérdete

Nunca había caminado tanto como en este viaje (y yo no era mucho de caminar). Con Google Maps en mi celular fue muy fácil moverme por la ciudad. Sí, también tomé bus y metro, pero procuré hacerlo solo cuando fue necesario. Caminar me permitió conocer nuevas calles y lugares que no estaban en mi lista, me permitió darme más tiempo para hacer paradas y quedarme el tiempo que fuera necesario sin ninguna prisa, y me llevó incluso a perderme en los más lindos rincones cuando no tenía carga o se iba internet. Comí helado caminando, conocí gente caminando, descubrí tiendas de diseño increíbles caminando, vi las más lindas fachadas caminando. Caminando se me pasó el tiempo y caminando fui feliz. *Bicicleta también es una buena opción : )

4. Come local

Definitivamente uno de los más grandes placeres de la vida es comer y qué rico comer lo más típico y representativo de cada país. Antes de ser vegetariana amaba los jamones y no niego que allá los busqué y los disfruté; con los mejores precios y las más grandes variedades, qué rico fue tomar la propia horchata valenciana, comer paella, huevos rotos, las propias tapas, probar los vinos y hasta las cañas, por nombrar algunos. Siempre sobreponer lo local sobre algunas preferencias seguras y personales es esencial para una experiencia más enriquecedora.

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5. Aprende y disfruta a pasar tiempo solo

Como les conté conocí a muchísimas personas, pero también pasé mucho tiempo sola (porque decidí hacerlo así). Creo que pasamos mucho más tiempo de nuestra vida consciente acompañados que solos, así que sacar tiempo para nosotros mismos es esencial para nuestro propio crecimiento. Las ventajas de estar solos durante un viaje es que somos completamente libres de elegir; podemos salir a museos si queremos, dormir si queremos, salir de fiesta si queremos, hacer compras si queremos, entrar a los restaurantes que queramos; nada de cumplir con gustos, tiempos, expectativas ni preferencias de nadie más que las nuestras. Yo personalmente amo eso, y lo amo incluso sin viajar. Nuestro tiempo y dinero no está condicionado de ninguna forma y eso es genial.

If you smile when you are alone, then you really mean it. -Andy Rooney

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6. Vive el presente

Cliché, cliché, cliché, pero es así. Vivir y disfrutar cada minuto de nuestro viaje porque hay un reloj marcando y un deadline a la vista. No pensar qué estaríamos haciendo en nuestra ciudad en ese momento, ni estar pendiente de nuestras redes sociales ni del trabajo, ni pensar en la pereza o tristeza de volver, no, desconectarnos y simplemente aprovechar cada minuto de nuestra estadía; Observemos con detenimiento cada rincón, aprendamos nuevas palabras, comamos despacio disfrutando cada bocado de comida (de verdad intentarlo lo cambia todo), si nos quedamos cortos de planes siempre podremos salir y caminar la ciudad, vayamos a lugares muy recomendados o que nos llamen mucho la atención y cuando lo hagamos asegurémonos de perdernos en él, saquémosle provecho a cada segundo y a cada centavo. No demos nada por sentado. Nuestra plata vale porque ha sido tiempo de nuestras vidas, y nuestro tiempo sí que es nuestro mayor bien.

7. En los pequeños detalles está el placer

De toda mi experiencia, mis días más felices fueron: Una charla que tuve con un austriaco hasta las 4 a.m. en Plaza Mayor mientras poníamos música de un celular, bailar música latina en un bar cerca a la playa en Valencia como si nadie me estuviera viendo, jugar volleyball en una playa en Barcelona, comerme una paella sola en mi último día en Madrid, pasar la noche con un francés, haber pasado una hora de mi cumpleaños en una playa en Montpellier con una de las lunas más grandes que haya visto debido a un cambio de planes, haber compartido una linda comida con una familia hablando de todo menos español e inglés. Las mejores cosas en la vida definitivamente no tienen precio. ¿Y saben algo? De todos esos momentos no tengo ni una foto, eso lo dice todo.

8. Los planes cambian y está bien

Siempre me ha gustado planificar mis viajes y creo que eso seguirá siendo una constante en mi vida, pero de la misma forma como los hago, sé que van a estar muy propensos a cambiar. El clima los cambia, una llamada los cambia, una palabra los cambia, una catástrofe los cambia, una tarjeta de crédito que no sirve los cambia, un robo los cambia, un beso los cambia, un lágrima los cambia. Y fue así, como no conocí la mitad de lugares que estaban en mi lista, pero conocí mil otros más; no contaba con conocer Francia, y el día de mi cumpleaños me hallaba en el carro de una belga con una italiana camino a Montpellier, no contaba con que mi amigo colombiano no llegara y tuviera que estar prácticamente sola en Barcelona porque había decidido alquilar un apartamento por Airbnb, no contaba con que Valencia se iba a llevar mi corazón y fue el lugar al que menos días le destiné. Los planes cambian, y eso muchas veces lo vuelve interesante.

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9. Descansar también es importante

Sí, descansar es importante. Yo siempre fui de las que pensó que cuando conociera Europa, de un solo golpe recorrería al menos 8 ciudades, y bueno, si se cuenta con mucho tiempo tal vez sea una opción. Pero moverse de ciudad en ciudad también es agotador y la realidad es que los planes diarios cansan. Incluso haciendo mi propio itinerario antes de viajar fui consciente de que me estaba extralimitando porque sabía que no me alcanzaría el tiempo para conocer tantos sitios. Yo destiné una semana aproximadamente para cada ciudad y aún así siento que me faltó mucho por recorrer ¡obvio! Me pasó que llegué con toda la energía del mundo y al final terminé increíblemente cansada; creo que eso no debería pasar, sino que deberíamos alternar días activos con unos más tranquilos. No por eso debemos pensar que nos estamos perdiendo algo, porque recordemos que la experiencia no consiste solamente en visitar parques ni museos, sino también en comer, en socializar, en observar y en algunos casos en sentirse como un local.

10. Hay una palabra llamada Libertad

Y después de todo hacía mucho no me sentía tan libre como en España. Desconectarme de redes, de personas, de lugares, de creencias, de juicios y prejuicios, del trabajo, de lo que debería ser y hacer, de ideales, de mi cuerpo, liberarme. No sé por qué pero nunca caminé con más ligereza y con tanta firmeza al mismo tiempo, nunca había estado tan cómoda en mi propio cuerpo, y nunca había tenido una experiencia tan honesta y tan completa por mi cuenta. Y al haber sido tantos Nuncas, Todo lo fue. No sé si fue la alineación de planetas y que mercurio finalmente dejó de estar retrógrado, si fue la emoción del verano que logró contagiarme, o si fui yo saliendo de mi caparazón entendiendo que había una Ana que se estaba perdiendo de muchas experiencias por un sinfín de miedos infundados.

En definitiva gracias España, porque junto a ti viví y lo aprendí. Desde ese entonces la palabra Libertad se convirtió en mi palabra favorita y un estado al que siempre intento retornar.

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Y después de todo, no niego que viajar acompañado es genial y trae consigo otro tipo de alegrías, pero al viajar solos nos vemos inmersos en viajes más desafiantes, reveladores y fortalecedores, que dependiendo del momento que estemos atravesando en la vida, siempre pueden venir bien.

Si quieren leer la historia completa sobre mi viaje a España; sobre la historia del perro por la que casi no conozco Francia, mi llegada a Barcelona que me hizo romper en llanto, el amigo colombiano que nunca llegó, y un cumpleaños mío que casi me pierdo, háganmelo saber, déjenme un comentario en el blog o escríbanme en Instagram. Mis diarios de España, son una de las cosas más preciadas que tengo y uno de los viajes más lindos que he realizado también (el más).

Con amor,

Ana.

 


 

Foto de portada: Lilies Diary /  Otras fotos: Personales – Viaje España 2016.

2 comments

  1. MAYTE LOPEZ GARCIA

    Me alegra que España te aportara cosas tan bonitas.
    Tienes que volver, te queda mucho por conocer.

    Saludos desde España!

    Responder

    1. La Minimal

      ¡Hola Mayte! No puede ser que hasta ahora vea este lindo mensaje. El blog lo dejé en pausa por un tiempo, pero he vuelto y estaré escribiendo por estos días 🙂 ¡Espero volver con todas mis fuerzas a España! Un abrazo y muchas gracias por leer.

      Responder

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