Breve historia del jardín [ Lo que me enseña la historia, la curiosidad y las conexiones ]

Breve historia del jardín

«Los historiadores estudian el pasado, no con la finalidad de repetirlo, sino con la de liberarnos del mismo.

Todos y cada uno de nosotros hemos nacido en una realidad histórica determinada, regida por normas y valores concretos, y gestionada por un sistema económico y político único. Damos esta realidad por sentada, y pensamos que es natural, inevitable e inmutable. Olvidamos que nuestro mundo fue creado por una cadena accidental de acontecimientos, y que la historia moldeó no solo nuestra tecnología, nuestra política y nuestra sociedad, sino también nuestros pensamientos, temores y sueños. La fría mano del pasado surge de la tumba de nuestros antepasados, nos agarra por el cuello y dirige nuestra mirada hacia un único futuro. Hemos sentido este agarrón desde el momento en que nacimos, de modo que suponemos que es parte natural e inevitable de lo que somos. Por lo tanto, rara vez intentamos zafarnos e imaginar futuros alternativos.

Todo lo referente a las grandes revoluciones sociales es igualmente aplicable, a pequeña escala, en la vida cotidiana. Al hacerse una casa, una joven pareja podría pedirle al arquitecto que proyectara un bonito jardín con césped en la entrada. ¿Por qué un jardín? “Porque el césped es bonito” podría contestar la pareja. Pero ¿por qué lo es? … hay toda una historia detrás.

Los cazadores-recolectores de la Edad de Piedra no cultivaban hierbas en la entrada de sus cuevas. No había un prado verde que diera la bienvenida a los visitantes de la Acrópolis ateniense, al Capitolio romano, al Templo judío en Jerusalén, o a la Ciudad Prohibida en Beijing. La idea de plantar un jardín con césped en la entrada de las residencias privadas y edificios públicos nació en los castillos de los aristócratas franceses e ingleses de la Edad Media tardía. En la época moderna temprana, esta costumbre arraigó profundamente y se convirtió en la característica de la nobleza.

Los jardines bien cuidados requerían terreno y mucho trabajo, en particular en la época anterior a la invención de los cortacéspedes y los aspersores automáticos. A cambio, no producían nada de valor. Ni siquiera se podían utilizar como terreno de paso para animales, porque estos se comerían y pisotearían la hierba. Los pobres campesinos no podían permitirse dedicar la tierra o un tiempo precioso a los jardines. Por lo tanto, el pulcro prado en la entrada de los castillos era un símbolo de estatus que nadie podía falsificar. Proclamaba de manera llamativa a todo transeúnte: “Soy tan rico y poderoso, y poseo tantas hectáreas y siervos que puedo permitirme esta extravagancia verde”. Cuanto mayor y más pulcro era el prado, más poderosa era la dinastía.

Palacios reales y castillos ducales convirtieron el jardín en un símbolo de autoridad. Cuando en la época moderna los reyes fueron derrocados y los duques guillotinados, los nuevos presidentes y primeros ministros conservaron los jardines en parlamentos, cortes supremas, y otros edificios públicos. Por ellos los humanos llegaron a identificar los jardines con el poder político, el nivel social, y la opulencia económica. Luego los banqueros, abogados y magnates de la industria pudieron darse ese lujo en sus residencias privadas. Pero cuando la revolución industrial amplió a la clase media y dió origen al cortacésped y después al aspersor automático, millones de familias pudieron permitirse el jardín propio al frente de su casa. Un jardín pasó de ser el lujo de una persona rica a una necesidad de la clase media. El césped es en la actualidad la planta más cultivada en Estados Unidos luego del maíz y del trigo.

El jardín no fue solo moda exclusiva de Europa y Estados Unidos. Incluso personas que nunca han visitado el valle de Loira ven a los presidentes norteamericanos pronunciando sus discursos en el jardín de la Casa Blanca y partidos de fútbol decisivos que se disputan en hermosos estadios verdes. En todo el planeta la gente asocia los jardines exuberantes con poder, dinero y prestigio.

Después de haber leído esta breve historia del jardín, cuando el lector tenga previsto hacerse la casa de sus sueños, quizás piense dos veces antes de incluir una parcela de verde delante de su casa. Desde luego, es libre de hacerlo. Pero también es libre de desprenderse de la pesada carga cultural que le han legado los duques europeos, los magnates capitalistas, y hasta los Simpson, … e imaginar un jardín de piedras japonés o alguna otra creación totalmente nueva. Esta es la mejor razón para aprender historia: no para predecir el futuro, sino para desprendernos del pasado e imaginar destinos alternativos. Desde luego, esto no supone libertad total: no podemos evitar estar moldeados por el pasado. Pero algo de libertad es mejor que ninguna.»

Texto – Homo Deus – Yuval Noah Harari


¿Lo ven? Todo viene con una historia, absolutamente todo, la mesa en la que nos sentamos a comer, la taza en la que bebemos café y el café que nos tomamos también. La forma como entendemos el mundo actual es una recopilación de eventos del pasado que sin pensarse, en algún momento se dieron. En los cursos de historia que tomo ahora he podido entenderlo mejor. Si cada uno de nosotros perdiéramos nuestra memoria, inmediatamente perderíamos nuestra identidad también. Somos un compendio de historias y experiencias que nos forman como individuos tan únicos e individuales como la misma palabra lo enuncia. Así mismo sucede con la historia de otras civilizaciones y eventos; entender el pasado nos permite comprender lo que sucede en la actualidad.

Hoy les vengo a contar una historia, mi historia, al menos la de los últimos 3 años y las conexiones que mirando hacia atrás encontré, vean esto:

El blog de La Minimal inició con la intención de hablar desde mi experiencia al acercamiento que tendría con un concepto llamado Minimalismo. A pesar de empezar muy entusiasmada, con el pasar de los meses me fui dando cuenta que todo se sentía muy metódico y poco natural, y conllevó a que cada vez me realizara más preguntas acerca de la metodología planteada y de otros aspectos complementarios. Poco a poco, fui comprendiendo que El Minimalismo no podía aislarlo del tema del Medio Ambiente porque acaso ¿a dónde irían a parar las cosas materiales que con el minimalismo estaba decidiendo sacar? debía haber una manera más cuidadosa y consciente de realizarlo mejor.

Junto con eso conocí el concepto del Zero Waste y fue en ese entonces cuando decidí realizar un curso de «Compostaje» y otro llamado «Una vida con menos basura» para comprender mejor la relación que mantenemos con nuestros desechos, y aquí les digo algo: así como nuestro basurero se llena de nuestros mismos residuos y hay que sacarlo porque el espacio en nuestro hogar es finito, el planeta Tierra también lo es y de esa misma forma, no puede albergar todo lo que no nos sirve a nosotros. Todo lo que desechamos va a parar indudablemente a algún lado (y para los que se preguntan, solo un pequeño porcentaje es reciclado o reutilizado, al menos en países como el nuestro). Un paréntesis perdón.

Entender esa relación con el planeta de esa forma (y otras formas), por supuesto me llevó orientar mi vida hacia un camino mucho más consciente y reflexivo. Uno que desde un inicio, nunca se desprendió de mi dieta vegetariana del momento, que no se encontraba muy lejana del Veganismo tampoco; estilo y filosofía de vida que me llevó (y me sigue llevando) a replantearme aspectos éticos y morales acerca de la forma como nos comportamos con los animales con quienes compartimos el planeta. Hay un semblante de superioridad implícito en cada uno de nuestros actos que todavía me cuesta entender, y no solo con ellos, se ve también reflejado con la forma como nos comportamos con algunas personas de la sociedad. Sí claro, con las menos favorecidas (al menos a nivel económico). Eso me orientó a tomar un curso de Social Innovation. Todo esto con el fin de empaparme más sobre la complejidad de otros mundos y las acciones que puedo emprender desde mi entorno.

Por otro lado, y en paralelo, o de manera secuencial, ya no lo recuerdo, gracias a unas pulseras que mi mamá decidió empezar a vender con cristales, y a unas recomendaciones que me realizó mi psicóloga del momento, decidí tomar un curso llamado Sanación con Cristales para comprender los significados detrás de cada piedra y así, poder disfrutar de los beneficios que se le otorgan a cada una. Eso de alguna forma me acercó al concepto del Hygge (el secreto danés de la felicidad) que se concentra en encontrar precisamente la felicidad en las cosas simples de la vida. A partir de lo aprendido y de esa conexión espiritual tan amplia que estaba experimentando, decidí crear mis propios rituales de paz en las noches a través de cristales, velas y esencias. Luego comencé a asistir a unas meditaciones (budistas) porque me conecté mucho alguna vez con uno de los maestros…y porque también me encantan sus enseñanzas.

Después llegó el Coronavirus con su caos informático y publicitario. Razón que me llevó a cerrar mi cuenta personal de Instagram. Esto supuso un ambiente más limpio donde podría concentrarme más en la redacción estos descubrimientos en el blog y que como consecuencia hiciera que siguiera solo cuentas interesantes enfocadas en mi crecimiento personal en el perfil de Instagram de La Minimal. Fue así como redescubrí temas como la Nutrición y el Cuidado Personal; conceptos que si bien se oyen en todas partes, no había interiorizado a profundidad hasta hace un par de meses. Libros leí y un nuevo curso de Nutrición tomé para entender este universo compuesto de galaxias mal-comprendidas. Los alimentos que encuentran en mi cocina el día de hoy no se comparan con los que compraba hace 6 meses; he reemplazado todos los ingredientes con los que cocinaba y no por eso me han costado más, por el contrario, cada vez son más cercanos a la tierra, y honestamente les puedo decir que me siento mucho mejor, por dentro y por fuera también.

En paralelo a eso, desde hace 3 meses trabajo con un ginecólogo, que yo digo que me ha cambiado la vida por la forma cómo me ha hecho entender ahora mi cuerpo. Lo adoro porque es un personaje que se atreve a hablar abiertamente de temas ocultos y tabú que experimentamos las mujeres, y que hemos decidido tapar con tierrita por miedos, creencias y opiniones  —en ocasiones— irracionales. ¿Qué pasa con los orgasmos, con nuestro piso pélvico, con la incontinencia femenina post parto, con la menopausia, con las enfermedades venéreas, con la resequedad vaginal, con la falta de deseo sexual, con la planificación, con la copa menstrual, con nuestras parejas, con los juguetes sexuales, con nuestras hormonas, con nuestro ciclo menstrual? Lo que empezó como una búsqueda para una publicación de la copa menstrual, terminó en una gran revelación. Pasé de la copa a la menstruación y de la menstruación a un mayor amor propio y del amor propio a un nuevo empoderamiento y del empoderamiento al feminismo y del feminismo a mejores elecciones como mujer y de esas elecciones a una mejor relación con mi cuerpo también.

Actualmente también tomo cursos de historia y me leo este libro Homo Deus (del cual extraje la historia del jardín) para entender la forma como funcionan las cosas y las sociedades y las civilizaciones y el universo y el arte y la ciencia y la vida. El tema cada vez me apasiona más.

Al final de este recorrido y en el momento que me hallo ahora es: Y si he decidido nutrir a mi cuerpo con alimentos más saludables, menos procesados y más naturales, ¿cómo no le voy a dar lo mismo a mi cuerpo en otros aspectos? ¿Qué pasa con el champú? ¿las cremas? ¿los detergentes? ¿cómo realizar los cambios de manera más consciente para generar menos desechos? (Zero Waste) ¿Cómo utilizar productos que se alejen del sufrimiento de personas y animales? (Veganismo – Social Innovation) ¿Cómo poder ser feliz a pesar de hábitos que generan cambio y sacrificios? (Minimalismo – Medio Ambiente – Cristales – Hygge – Historia – Vida).

Boom, boom, boom, todo, absolutamente todo está conectado, y eso que existen mil cosas que me faltan por desaprender, por aprender y otras que simplemente no se han sincronizado en tiempo conmigo todavía ¡Oh sí, el timing! Muchos caminos conducen a Roma, solo que Roma no existe, y el recorrido persiste. Nos encontramos ante una constante búsqueda que no acaba nunca, no tiene un fin ni tampoco un final.

Como ven, mi comprensión del mundo y forma de actuar al día de hoy, se debe a un constante flujo de eventos y casualidades y coincidencias, que se han cruzado sin que yo misma me haya percatado. Sin embargo mirando hacia atrás es donde puedo unir esos puntos y encontrarle el sentido que durante el tiempo presente no tuvo o simplemente no visualicé. Los reyes nunca creyeron que existirían otras formas de gobernar las naciones y ahora nos vemos inmersos en un mundo  —parcialmente — distinto. Hace poco una amiga me dijo que la curiosidad es lo que vuelve más interesante la vida y sin duda así lo creo, eso en definitiva es lo que me lleva a contarles esta historia. Mi insistente curiosidad.

No se trata al final de «coherencia», creo que es palabra es peligrosa. Se trata de la curiosidad y la exploración de nuevos horizontes, de intentarlo y ver si funciona, de crecer como individuos y de expandir nuestra mente hasta a lo inimaginable.

Una de las cosas que aprendí a partir del vegetarianismo es que ya no hay imposibles ni cosas que no pueda incorporar a mi vida por lejanas y absurdas que suenen. Una de las frases que más recibo acerca de ese tema es «Yo no podría» y creo que esa frase plantea una limitante desde el inicio, no brinda el chance ni siquiera de la contemplación, por eso es una frase que ya no uso, o la replanteo cada vez que la pienso.

Por otro lado está el tema de las «etiquetas», que personalmente hoy en día no me gustan. A pesar de expresarles estos conceptos con los que he me relacionado a lo largo de estos últimos años —y para darlo a entender una manera sencilla, los subrayé—, no quiero caer en un encasillamiento porque decir que pertenezco a cierto grupo o a ciertas creencias, significa ipso facto que no puedo cambiar de opinión después. Vivir bajo etiquetas no nos permiten fluir y tener la libertad de hoy pensar una cosa y mañana otra, como en esencia creo que es la vida.

Creo que al final todo se reduce a fórmulas mágicas individuales e intransferibles que cada uno de nosotros nos encargamos de crear. En lo personal quiero concebirme como una mezcla homogénea de aspectos que me gustan y me hacen sentir mejor conmigo misma —y en relación con otros— sin que eso me limite a un grupo determinado:

  • No como carnes y sí comida de mar, en lugar de ser «pescetariana».
  • Me gustan las meditaciones budistas sin ser «budista».
  • Sigo creyendo en un Dios sin que por eso tenga que serle fiel a una cruz o creer en una iglesia —y religión católica— que creo que le ha hecho mucho mal a la humanidad.
  • Trato de consumir alimentos cada vez más naturales y orgánicos sin que por eso sea una persona «fit» y eso no signifique que un día me quiera comer una pizza con mucho queso y gluten y grasa. Eventualmente así puedo engordar y enfermar también…y está bien.
  • Intento rechazar en lo posible alimentos envueltos en materiales desechables e inservibles, sin que por eso deba generar cero basura como lo promueve el «Zero Waste» (porque sé que también compro cosas que inevitablemente vienen en plástico y a veces me vuelvo un ocho con ellos).
  • Me apasiona el diseño sin que por eso me defina estrictamente como «diseñadora» porque eso implica que no puedo permitirme explorar nuevos campos y despertar otros gustos.

En fin. Existe mucha más tela para cortar. En todo caso son algunos ejemplos y cosas que todavía intento comprender y adaptar.

No creo en el purismo, tampoco en la coherencia, creo en que somos seres complejos que andamos en constante transformación, intentando evolucionar en distintos aspectos, aunque eso inevitablemente nos lleve a involucionar en otros (según la sociedad). Por eso quiero terminar con una frase de la historia del jardín porque es muy curioso dar por sentado el mundo en el que vivimos y la forma como vivimos y la comida que consumimos y la ropa que usamos, sin darnos cuenta que esas son ideas preconcebidas; ni siquiera por nuestros papás, ni nuestros abuelos, ni los papás de ellos, sino de toda una vasta colectividad de hechos y decisiones incomprensibles en su tiempo, pero que de alguna forma paradójica hoy nos impide imaginar otras realidades también.

Hemos sentido este agarrón desde el momento en que nacimos, de modo que suponemos que es parte natural e inevitable de lo que somos. Por lo tanto, rara vez intentamos zafarnos e imaginar futuros alternativos.

Ir y venir, no sé si lo dije todo, o al final no dije nada, conectar cabos, de eso quería hablar el día de hoy. Suena For Me Formidable de Charles Aznabour un sábado 20 de junio a las 9:13 de la noche.


Fotografía portada: Veüe générale de la ville et du château de Versailles du côté des jardins gallica.bnf.fr / Fotografías artículo: Whitney Hayes 

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