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11:4 recomendaciones del mes

Hola a todos. Como les conté exactamente hace 30 días, decidí que los días 11 quería compartirles 4 cosas que le han sumado valor a mi vida el último mes. Aquí van:

Trabajar…mucho.

Al ser diseñadora independiente tengo proyectos variables, por lo tanto está claro decir, que la cantidad de trabajo nunca es la misma cada mes. Sin embargo, en el estudio de diseño en el que trabajo nos salió un proyecto social muy especial (apareció en mi vida tal cual como lo soñé el año pasado), pero con todo y lo especial que ha sido, así mismo ha representado muchísimo trabajo. Ha sido mucho, pero debo admitir que esa es una de las cosas que me gusta de emprender, que ningún mes es igual al otro, al menos en mi experiencia y en estos años que llevo con él. Así como hay meses en que me sobra el tiempo libre y puedo darme el lujo de ir al gimnasio, salir a montar bicicleta, tomarme un café, también hay otros en que llego rendida y solo añoro mi cama.

Este mes no pudo ser más diferente al pasado en donde les recomendé a El Podcast de Los Minimalistas, Montar bicicleta, No ver Televisión y Tener un Spot Favorito en la Ciudad ( 11:4 Recomendados Febrero ). Este mes ha implicado un gran cambio de rutina, pero ha sido encantadora porque me ha traído muchas distracciones, me ha obligado a salir varias veces a la semana, a montarme en transporte público y conocer nuevos lugares de la ciudad, así como a contar con nuevos compañeros de trabajo, y conocer personas con un corazón y talento enorme llamados clientes.

Trabajar mucho a veces trae grandes frutos y lecciones, así que a pesar de la cantidad del tiempo invertido, ha sido un gran mes. Trabajar en proyectos apasionantes debe ser una de las mayores satisfacciones que podemos tener en la vida porque la mayoría pasamos aproximadamente 1/3 de las nuestras en él entre los 20s y 40s (otro tercio durmiendo y otro viviendo) así que más nos vale que sea algo que no se sienta como un deber y más como una pasión. Y bueno, hablando sobre «A dónde se nos va el tiempo» les dejo una tabla que nos invita a reflexionar acerca de la cantidad de tiempo que invertimos en ciertas actividades durante la vida. [ Curiosidades de la vida cotidiana ]

 Tabla de tiempos
Estar de pie 30 años
Dormir 23 años
Estar sentado 17 años
Caminar 16 años
Trabajar 8-9 años
Comer 6-7 años
Soñar 4 años
Transporte urbano 3 años
Ver televisión 5 años + 303 días
Hablar y escuchar 2 años
Reír 1 año + 258 días
Cocinar 1 año + 195 días
Estar resfriado 1 año + 135 días
Correr 1 año + 75 días
Estar enfermo 1 año + 55 días
Ir a la escuela 1 año + 40 días
Festejar 1 año + 10 días
Guardar colas 500 días
Rellenar formularios 305 días
Leer 250 días
Telefonear 180 días
Cepillarse los dientes 92 días
Llorar 50 días
Consultar el reloj 3 días

Regalar plantas

Para regalar a otros y para regalarme a mi. Yo la verdad no sé si la gente disfruta tanto el regalo de una planta como yo, pero últimamente eso es lo mío. Siempre me habían gustado (supongo que en ilustraciones o en jardines de otros), pero nunca había tenido una, y ahora ya tengo dos, y en el último mes he regalo tres. Ir a un vivero se convirtió en un plansazo, y como muchas otras actividades que realizo, creo que en ésta podría pasar horas viéndolas y escogiendo.

Siento adoración por los animales, pero la verdad, las plantas siempre las vi como otro cuento; nunca había sido tan consciente en mi vida de este ser vivo como ahora. Nada me ha causado más intriga en el último mes que ver la planta de mi hermana; unos días verde resplandeciente y otros triste y desganada (precisamente porque debe haber algo que no estamos entendiendo -aunque hoy intentamos algo-). El agua, el sol, el abono, el fruto, la matera, como crecen, como piden, como se transforman; pequeñas pero grandes cosas que las hacen seres tan especiales.

Además, regalar una planta se siente como regalar una experiencia contenida en un bultico de tierra. He tenido tantas ganas de plantas que quiero comenzar a sembrar alimentos, creo que eso es lo próximo que haré y les contaré.

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Escribir

Escribir actualmente es mi forma particular de meditación y desde siempre ha traído consigo algún cambio positivo en mi vida. Escribo diarios desde que tenía 10 años y hasta hace un año todavía lo hacía, siendo una actividad a la que personalmente retorno en cualquier momento.

En ocasiones la escritura me ayuda a expulsar, desbloquear, desahogar, dejar ir la ira, la tristeza; pero en otras ocasiones escribir me ayuda a organizarme y a priorizar. Escribir ahora para este blog ha sido una experiencia distinta porque se siente como mi nueva gran pasión, y como toda pasión hay que alimentarla, así que en parte es compromiso y en parte creatividad.

Pero para los que sienten que no tienen el don o la disposición para escribir, escribir es lindo por escribir, a veces no debe haber una finalidad, ni algo importante para decir, a veces solo debemos escribir para soltar y porque hay algo que muchos desconocen, y es que escribir significa en muchos casos plasmar sobre el papel nuestros sueños más profundos, nuestros deseos más íntimos y nuestros pensamientos más honestos. Lo recomiendo además, para las personas introvertidas, para los que les cuesta exteriorizar o para los que les cuesta comunicarse de manera verbal; escribir siempre será el pequeño y genuino secreto de cada uno.

En todo caso, quiero recomendar un libro que siento que en su momento me transformó, es un libro teórico-práctico (muy práctico que es lo mejor de todo) y fue el libro que cultivó aún más en mi la acción de escribir, así como de realizar después. El Camino del Artista de Julia Cameron, es un libro que ayuda a desbloquear nuestra creatividad a través de diferentes ejercicios, siendo la escritura uno de ellos. En Colombia no es fácil conseguirlo en librerías, pero para los que saben inglés y se encuentran por fuera, particularmente en Estados Unidos (porque su autora es de allá), búsquenlo. De lo contrario, me pueden escribir para que se los envíe por mail; lo tengo también en pdf -aunque en un mal español-, pero intenten primero el original porque vale mucho la pena.

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Dejar de ver noticias

Fue hasta que me reuní con una amiga que entendí que Bogotá estaba más insegura que nunca (todavía tengo la duda) «¿Si has visto todas las noticias sobre la inseguridad que hay en Bogota?» y fue justo ahí que me di cuenta que yo en realidad andaba en una nube. Es decir, siempre he sabido que Bogotá es una ciudad insegura, que no hay que dar papaya y todo ese cuento, pero que eso se había convertido en noticia ¿cuándo no lo había sido? pero así como me sorprendí con la información, así mismo sentí un fresquito por dentro porque sabía que mientras unos andaban alarmados (como mi amiga), yo andaba feliz en mi estado marciano.

Hace un par de meses que no veo noticias, las noticias de verdad, las que abruman y gritan amarillismo desde el titular. Desde que decidí cerrar mi cuenta en Facebook (la cual era mi medio habitual de noticias) debo admitir que ya no las veo. Nunca he sido de periódico ni de meterme a sus páginas oficiales, así que me encontraba siendo una extranjera en mi propia país. Actualmente tengo un medio muy personal por donde decido si enterarme o no, y he optado porque no. Me cansé de hacerlo y ahora disfruto más mi tiempo leyendo blogs, columnas de opinión, viendo videos que encuentro interesantes, y la verdad, he estado mucho más tranquila desde ese entonces.

Sí, yo sé que estar actualizado es importante, y no estoy diciendo que vaya a ser permanente, pero haberme desconectado un tiempo de esa realidad (porque las noticias en Colombia son en su mayoría densas y pesimistas), me ha liberado de volverme densa y pesimista también. Personalmente recomiendo más tiempo para nosotros, para pausar un rato no solo noticias, sino las redes sociales, el celular, el televisor, porque aunque sea solo una actividad la que suspendamos, les garantizo que será un buen medidor del aporte que le brinda a nuestras vidas. Por mi parte, sé que las volveré a incorporar, pero creo que esta vez será de una manera más selectiva y deliberada, y bueno, después de todo, un descansito nunca me vino tan bien.

 

Con amor,

Ana.

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