Evitando caer en la red de las redes.

Hace unos meses fui a Rock al Parque con un amigo a ver a Babasónicos y Los Amigos Invisibles. Y ese día entre la lluvia y el hambre tuvimos una conversación acerca de las redes sociales. 

Para brindarles un contexto, él es un amigo que sin proponérselo, en muchos de los aspectos de su vida -particularmente en el digital-, yo considero es un minimalista: No tiene redes sociales, tiene muy pocas aplicaciones en su celular (además es imposible encontrarlas porque las oculta), es posible tener conversaciones muy interesantes con él porque no vive pegado al celular, la página web de su negocio cuenta con la información estrictamente necesaria y su gusto en diseño de por sí es bastante minimalista; es amante del blanco y le huye al exceso. 

Él fue una de las primeras personas que conocí que después de haber estado en redes sociales, se salió. (Y aquí quiero aclarar que cuando hable de redes sociales, voy a centrarme en Facebook e Instagram porque son las más populares). Sin embargo, mi amigo hace unos meses me contó que había vuelto a abrir esta última aplicación, que lo siguiera. Eso hice. No subía muchas fotos, pero era claro que quería hacer un statement con el contenido que publicaba; quería contar a través de sus fotos que no cae en los clichés de la imágenes porque no usa filtros, que es espontáneo, que le gusta el arte y la cultura, pero que también tiene sentido del humor. ¿Eso me lo dijo él? no, sería vergonzoso decirlo ¿no? esa fue mi lectura. 

Fue entonces, cuando tuvimos esta conversación mientras tomábamos un taxi de vuelta a nuestras casas después del concierto. Me contó que estaba pensando en cerrar la cuenta otra vez, que creía que existía mucho ego detrás del hecho de subir contenido a nuestras redes personales, además de las altas expectativas que genera ver la reacción de la gente que nos sigue. Por otro lado, concluimos que es un medio que fomenta para muchos la envidia y las comparaciones. Todo esto sin nombrar el hecho del tiempo que nos consume estar clavados viendo como sucede la vida de los demás. En pocas palabras, él se sentía más tranquilo cuando no las tenía. 

Lo entendí completamente y todo hizo clic en mi. Primero, porque ya lo había vivido al haber cerrado Facebook hace años; sentí que me había quitado un peso de encima. Y por otro lado, porque ese mismo cuestionamiento venía rondado por mi cabeza últimamente.

1. Intención

No tengo Facebook, pero debo admitir que disfruto mucho Instagram, además de ser una herramienta muy útil de trabajo y fuente de ingresos en mi caso por mi estudio de diseño. Aún así he tenido un conflicto interno con mi cuenta personal (que no es la de La Minimal). Es una cuenta en la que siempre disfruté subir fotos cotidianas sobre mi vida, solo que en un punto comencé a preguntarme: por qué lo hacía.

De repente me encontré con fotos «lindas» de mis vacaciones o fotos personales donde consideraba que salía «bien», pero justo antes de subirlas me invadía la duda y pensaba: ¿por qué? ¿qué estoy esperando al subirlas? ¿busco algún tipo de validación? ¿qué respuesta estoy buscando y por qué quiero ir tras una respuesta?

Es curioso si nos ponemos a pensar en el hecho detrás de la acción: «Estoy en la playa frente al mar, disfrutando de una maravillosa compañía y una linda vista, y aún así decido realizar una pausa y subir una historia a Instagram porque quiero que todos mis seguidores vean lo que hago.» Para mi está claro que queremos admiración, interacción, que la gente sepa qué hacemos, cómo lo hacemos, qué vemos, con quién estamos, y dónde. Y si no es así, ¿por qué lo hacemos?

No digo que tenga algo de malo, de eso se tratan las redes sociales al fin y al cabo, de conexión e interacción, pero en definitiva, es curioso que lo hagamos y que olvidemos que hay un interés -probablemente desconocido- detrás de cada publicación que realizamos, interesante sería saber cuál es. En ocasiones queremos que otros sepan que somos viajeros, otros que somos interesantes, que somos intelectuales, que somos relajados, que somos divertidos, que somos fit, que somos buenos. Ninguna acción es tan desinteresada cuando es pública, considero yo. 

2. Reacción

La parte incómoda viene con nuestra expectativa de la reacción de nuestro público. Vivimos para ver la generación que es adicta a los likes, los comentarios, las vistas. De hecho alguna vez leí, que recibir un «like», produce efectos de placer similares a los de comer chocolate o azúcar. Recibir un “like”en Facebook produce la activación de las mismas zonas del cerebro que se excitan cuando ganamos dinero o comemos algunos alimentos adictivos. Por el contrario cuando se reciben pocos «likes», se producen efectos psicológicos negativos o de frustración similares a los causados por la privación de una sustancia adictiva. No sé si es cierto, pero tiene mucho sentido.

Por lo tanto, la ansiedad que esto genera es abrumadora, y lo digo incluso porque siento la presión de mis clientes, en donde me exigen resultados de crecimiento y aún cuando la calidad de los seguidores es más importante que la cantidad, poco o nada importa para el ego de las marcas y lo entiendo porque detrás de una compañía hay personas, como tú y como yo, y que como muchos hemos caído en esta trampa.  

3. Recepción

Pero esto no termina aquí y existe el otro lado de la moneda, y es la faceta donde nos comportamos como receptores de la información, no sé si la más perjudicial para la salud mental. Partamos del hecho, de que cada uno de nosotros elegimos a quién seguir, qué información nos es útil, qué nos entretiene. Pero la verdad es que en ocasiones y por defecto decidimos seguir cuentas que poco o nada nos aportan, y que muchas veces nos restan. Y no excluyo a familiares, amigos o conocidos por sensible que esto suene, hay información que simplemente nos toca las fibras del inconsciente independientemente de su fuente.

Está claro que todos queremos mostrar nuestra mejor faceta en las redes sociales, y creo que en la vida general también sucede, pero percibir constantemente un cosmos de «perfección» (bastante tenemos de eso con la publicidad convencional), puede llegar a hacernos sentir inconformes. Consumimos constantemente lujo, grandes casas, nuevos celulares, relaciones armoniosas, vacaciones en lugares impensables, negocios prósperos, cuerpos de ensueño, ascensos y en general, un mundo que parece demasiado impecable para ser únicamente cierto. Acaso, ¿dónde le damos cabida a la vulnerabilidad?

No quiero generalizar, no sucede con todas las cuentas que seguimos y no todos somos iguales ni percibimos las cosas de la misma forma (ni caemos en el mismo embudo), pero justo ahora comienzo a percibir el poder de la Influencia ¿Y saben quién me ayudó a entenderlo? La Minimal.

Recuerdo hace dos años casi cuando creé la cuenta en Instagram, decidí que seguiría cuentas afines a lo que yo quería promover; cuentas minimalistas, de veganismo/vegetarianismo, recetas, zero waste, hábitos saludables. Fue entonces, como después de tener esta cuenta como la principal durante unos 6 meses, me di cuenta que mi chip había cambiado; me nació hacer más recetas, estuve más en contacto con la naturaleza, cambié hábitos a unos más responsables con mi entorno, me volví más organizada, fui muy productiva. Y todo por el tipo de información que estaba recibiendo y que decidí dejar entrar a mi vida. Esa fue mi nueva fuente de inspiración. 

Recuerdo incluso haber pensado que quería eliminar mi cuenta personal en este entonces, porque cada vez que la repasaba solo veía cuentas intachables en imagen y mensaje, que dado el caso me llevaban a la comparación, a envidiar sus vidas, y en general a hacerme sentir «quedada» con mis propios logros. Lo más curioso es que la mayoría de las veces ni cuenta nos damos porque no es una acción que racionalicemos al instante, sino más bien creo queda clavada en nuestro inconsciente y se ve reflejada en nuestras actitudes y decisiones de todos los días.

Mi vida había cambiado -temporalmente- gracias al contenido que yo deliberadamente había decidido dejar entrar. La otra cuenta, si bien también yo misma la había construido, tenía retazos de todo lo que alguna vez me gustó y llamó mi atención. Seguía incluso a muchos de mis contactos de Facebook (varios que no son amigos), otros; su contenido me era indiferente pero los mantenía «por curiosidad». Y por último, seguía a figuras públicas o marcas que tienen cuentas entretenidas, pero que en el fondo no me aportaban ni me incitaban a probar algo. Era el follow tras follow.

Conclusiones

Soy consciente de que no todo debe ser tan cuadriculado, pero creo que hay un trasfondo. Cuando calculamos la cantidad de tiempo que le destinamos a las redes sociales, más las expectativas que ponemos sobre el hecho de subir y recibir contenido, se vuelve en algo -en ocasiones- desgastante y superfluo. ¿Cuántas veces se nos pasaron las horas viendo fotos en Instagram, deslizando hacia abajo publicaciones hasta que el contenido no lo permitía más?

Todo esto, para contarles dos cosas: La primera, que mi amigo y yo decimos cerrar nuestra cuenta personal en Instagram también, no lo acordamos, de hecho ni siquiera lo hablamos, pero seguro sí fue por razones compartidas. En mi caso, puede que sea temporalmente, pero quiero centrarme en la cuenta de La Minimal donde espero compartir contenido de valor con mis seguidores y asimismo quiero ser receptora de material útil y transformador. Estoy convencida de que cada vez que renunciamos a algo, algo ganamos también.

La segunda y aquí va mi reflexión: Todo lo que vemos, de quién nos rodeamos, las cuentas que seguimos, los libros que leemos, todo tiene influencia -de alguna u otra forma- sobre nosotros. Por tal motivo, me parece muy importante que decidamos llenarnos de contenido no solo que nos llame la atención (porque hoy en día todo se pelea por hacerlo), sino que nos ayude a crecer, a crear, a mejorar, a evolucionar.

Aclaro que mi conclusión no gira alrededor de cerrar las redes sociales, sino de darle un propósito y que con suerte genere las bases de un ambiente constructivo. Que el hecho de tener redes sociales tenga un sentido para cada uno de nosotros y que hagamos uso de ellas de la mejor forma posible, tanto para nosotros como para los demás. 

[ Y al otro día después del concierto llegamos a publicar nuestros videos en Instagram.]

Siempre con amor,

Ana


Fotos: Portada: weheartit.com #2 tumblr.com #3 https://whatshouldieatforbreakfasttoday.com #4 Fotos personales #5.i.pinimg.com

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