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Por qué me volví vegetariana. Cuando cuestionarse viene bien.

«Me encantaría serlo, pero no podría», una de las frases que más he escuchado desde que me volví vegetariana, y sí, yo también solía decirla, la pregunta es: ¿por qué pensé que no?

Quiero aclarar que con este texto no pretendo sugerir que deberían cambiar su dieta ni intentaré sustentar esta elección, hoy solo les quiero hablar sobre las casualidades y una gota de acción.

Pizza de pepperoni, hamburguesa con tocineta, perro caliente, sánduches de queso y jamón -o pavo o atún-, costillitas de cerdo en salsa teriyaki o BBQ, crepes de camarones, crepes de lomo stroganoff, pasta a la boloñesa, bandeja paisa con chicharrón obvio, un buen ajiaco. Sí, estos eran algunos de mis platos favoritos, o por lo menos algunos de los que frecuentaba comer en casa o por fuera; y es que a la hora de buscar variedad en los platos tomando como base la res, el cerdo, el pollo, el pescado y hasta el pato, las posibilidades son infinitas y yo era fanática de todas ellas.

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Hoy que lo pienso todavía me parece increíble el hecho de haber tomado la decisión y no lo digo por un tema de radicalidad, sino porque sucedió de la manera más espontánea y casual de todas. Nunca me preparé durante meses para El Gran Día, tampoco lo hice paulatinamente primero dejando el pollo y después el cerdo, ni decidí comer normal entre semana para darle al vegetarianismo el fin de semana. No, literal lo hice de un día para otro, y con esto no pretendo decir que los caminos anteriores no sean válidos, de hecho pienso que probablemente sean los más apropiados, pero para mi simplemente sucedió y de paso arrastró a mi hermana conmigo (siendo hoy en día unas de las cosas más grandes que nos acercan). Y entonces, ¿qué razones me llevaron a tomar la decisión? Así lo recuerdo yo:

1. Sensibilidad por ayudar a otros

Fueron tiempos de cambio y emotivos; fue una época de mi vida donde me encontré particularmente muy conmovida por todo lo que pasaba a mi alrededor a nivel social y ambiental. Momentos donde sentí la necesidad de ayudar a otros e idealicé proyectos junto con amigos, momentos donde me realicé cuestionamientos constantes sobre mi vida y por eso decidí tomar un curso en Innovación Social así fuera a distancia. Fue una época donde justo había terminado de trabajar para una fundación de perros en un proyecto que surgió como iniciativa de mi estudio de diseño, dejándome inmensamente agradecida y llena de compasión por los animales.

2. Coincidencias

Primero, una prima; segundo, una conocida; tercero, una amiga del colegio; todas vegetarianas con las que mantuve charlas en un corto periodo de tiempo.

El primer caso fue el de mi prima, quién decidió un día realizar un voluntariado de 6 meses en la India y volvió con una visión muy distinta del mundo, lo que conllevó a que realizara muchos cambios en su vida, siendo el vegetarianismo uno de ellos; y claro, a pesar de haber conocido a varios —aunque no muchos vegetarianos en mi vida— ese hecho fue relevante tal vez por la cercanía y por ser la primera y única persona en la familia en adoptarlo.

Para el segundo caso, en un día como hoy hace algo más de un año, decidí salir con un amigo y una amiga de él a tomarme unos tragos. Ella era una italiana viviendo en Cali, que por temas de trabajo tuvo que viajar a Bogotá. Esta mujer de unos veintitantos, sonriente y habladora, hacía no mucho se había vuelto vegetariana, nos contó su historia y eso simplemente quedó en mí. ¿Era posible que esta persona del común como yo —pero tan interesante a su vez—  se sintiera así de bien con ese régimen alimenticio? aparentemente sí, y desde que realizó el cambio, una de las cosas que más le gustaba era cocinar. Parecía feliz.

Para el tercer caso (y esto fue una semana después del segundo), me reuní con una amiga del colegio que no veía hace muchísimo tiempo, y quien solía ser una muy buena amiga. Me contó que también se había vuelto vegetariana al igual que su novio. Ese día hablamos de muchas cosas, pero ese fue un tema que recuerdo tomó más de un par de canciones; me habló sobre lo que la llevó a tomar la decisión, sobre cómo el cambio mejoró su salud, sobre cómo un vegetariano se enfrenta a diferentes escenarios (un vegetariano en la costa, un vegetariano en reuniones familiares, un vegetariano en diciembre), me habló sobre un par de documentales, y después de todo, ahora que lo pienso es una charla que hasta el día de hoy recuerdo.

Haber conocido 3 mujeres vegetarianas en un corto periodo de tiempo, cada una con una historia, lo hizo determinante seguro. Ya no se trataba de hippies, yoguis, budistas, ambientalistas y otros estereotipos asociados, se trataba de mi mismo círculo siéndolo. Después de eso entendí que era más cercano de lo que yo  creía.

3. Sí, documentales.

Me había causado tanta intriga este último caso que le pedí a esta amiga que me pasara los nombres de esos documentales para informarme mejor (información que bien podía ignorar o rechazar después). Por eso pasé semanas enteras viendo documentales, leyendo y convenciéndome que era la opción más saludable, responsable y coherente que podía tomar —además de ser la opción que más congeniaba con mis pensamientos en temas de nutrición, impacto ambiental y maltrato animal—.

Sin embargo, solo existía un pequeñísimo problema: ¿Cómo iba a lograrlo? ya estaba convencida con la teoría pero llevarlo a la práctica parecía más difícil. Sin embargo, el día llegó y alguien logró soltar la frase que lo cambiaría todo: ¿Quieres pizza? ¿Quieres hamburguesa? ¿Perro caliente? ¿Sánduches y crepes? todo eso puedes tenerlo siendo vegetariano, estos son unos ejemplos de platos que podrías comer. Y sí, esa pequeña y tal vez insulsa frase fue decisiva; ya no se trataba de una cuestión de privación sino de alternativa.

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Hoy, un año después puedo decir que realizar ese cambio fue más sencillo de lo que me imaginé. Jamás me había cuestionado esa faceta de mi vida; simplemente la acepté como parte de mi cotidianidad, la di por hecho y viví con ella por años. Sin embargo, hoy en día estoy convencida que las casualidades y coincidencias no son las que nos deberían incitar al cambio simplemente porque ¿qué sería de nuestras vidas si estas no llegan o no las sabemos reconocer? Sin duda, elegir el vegetarianismo ha sido una de las decisiones más coherentes que he realizado al tener que alinear mis creencias con mis acciones, y al haber sido así, logró abrirme paso a un camino más real y honesto conmigo misma.

Vivimos diariamente con objetos y relaciones y trabajos y creencias y tradiciones sin cuestionarnos sobre el valor que estos le aportan a nuestras vidas: ¿Me hace feliz? ¿Me hace crecer? ¿Es necesario? ¿Va de la mano con mis pensamientos o valores? y aunque en muchos casos la respuesta será un rotundo sí, en otros casos, nunca será tarde para girar también.
“To align our beliefs with our values, and to align those values with our daily actions, that’s a congruent life, a happy life." -The minimalists.

Con amor,

Ana.

 

 

 

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